¡Impactante! Grabois exige "cortar cabezas" y revela el oscuro lado del peronismo: ¿qué pasará ahora?

La historia de la guillotina es emblemática, marcada por figuras como Joseph Guillotin, quien la inventó, y Maximiliano Robespierre, quien la convirtió en un sistema durante el periodo conocido como El Terror. En esos años, alrededor de 40.000 cabezas rodaron en Francia, un dato que hoy resuena en el contexto social y político de Argentina, donde la violencia y la retórica incendiaria no parecen tener fin.
El reciente llamado a “cortar las cabezas” de los jueces de la Corte Suprema por parte de Juan Grabois, un diputado nacional y figura destacada del peronismo, ha generado controversia y rechazo. Este tipo de declaraciones no sorprenden del todo si consideramos su historial de violencia, que incluye ocupaciones como la del Instituto Perón, y otros incidentes en lugares como Lago Escondido y estancias de Etchevehere. La pregunta que surge es: ¿cómo un individuo con tales antecedentes puede ser parte del Parlamento?
Grabois ha sido descrito como un “gerente de la pobreza”, y se le acusa de crear comedores truchos para desviar alimentos destinados a los más necesitados. Un ejemplo reciente de esta crítica fue el incidente con Gasulla, quien no pudo ingresar a uno de estos comedores. Es alarmante pensar que haya personas dispuestas a robar comida a los pobres, mientras se presentan como sus defensores.
Estamos ante una situación donde la pobreza parece ser un recurso que se necesita mantener. Grabois y otros actores políticos aparentan preocuparse por los pobres, pero en realidad, muchos de ellos se benefician de la perpetuación de la miseria. Esto se refleja en las cifras alarmantes de pobreza en Argentina, que han pasado de 35.5% en 2019 a un impactante 52.9% en 2023. Este aumento en la pobreza ha coincidido con discursos que intentan desviar la atención hacia otros temas, como la inflación.
El aumento de precios en la indumentaria es otro tema que ilustra la desconexión de la clase política con la realidad del argentino común. Según datos, la inflación en ropa alcanzó el 169% en 2023, acumulando un asombroso 1.467% desde 2020. Mientras tanto, figuras como Luis Caputo, exministro y actual presidente de la CNV, se encuentran en el ojo de la tormenta por comprar en el extranjero mientras critican a otros por hacer lo mismo.
La hipocresía del oficialismo se vuelve evidente cuando se observa que aquellos que se escandalizan por las compras de Caputo, también son los mismos que han viajado a lugares como Miami o que tienen propiedades en Nueva York y cuentas en Suiza. En este contexto, es crucial cuestionar: ¿realmente representan a los trabajadores y a los pobres? O son simplemente una nueva oligarquía que se viste de progresismo.
Es importante recordar que muchos de los convenios laborales en Argentina son de 1975, una época en la que la tecnología y las condiciones de vida eran radicalmente diferentes. Esta obsolescencia convierte a esos acuerdos en un lastre para el avance del país. No se puede seguir utilizando una legislación de hace más de 40 años cuando el mundo ha cambiado tan drásticamente.
Las viejas figuras sindicales, muchas de las cuales llevan décadas en sus puestos, como Hugo Moyano y Roberto Baradel, parecen más preocupadas por su propio poder que por el bienestar de sus representados. La pregunta es: ¿quién protege realmente a los trabajadores? Estos líderes no son más que un eco de un sistema que ha fallado en adaptarse a las necesidades actuales de la clase trabajadora.
Finalmente, citando a Platón, “la peor forma de injusticia es la justicia simulada”. En Argentina, la simulación se ha vuelto una norma, y es vital que los ciudadanos tomen conciencia de ello. Los discursos de amor y protección hacia los pobres son solo eso: discursos vacíos que no se traducen en acciones concretas.
Opiniones libres; hechos sagrados.
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