¿La ropa en Argentina se volvió un lujo? Descubrí el dato que Caputo NO quiere que sepas y el impacto que tendrá en tu bolsillo.

El debate sobre el precio de la ropa ha vuelto a cobrar protagonismo tras las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien aseguró que nunca ha comprado prendas en Argentina porque le parecen “un robo”. Estas afirmaciones, hechas en el contexto de una discusión sobre la apertura comercial como herramienta para moderar costos, han reactivado un análisis sobre el sector textil y su evolución en los últimos años.

Según Caputo, los precios de indumentaria y calzado en Argentina se sitúan entre dos y diez veces por encima de los valores internacionales. Sin embargo, las cámaras empresariales y entidades técnicas han presentado cifras que desafían esta percepción. Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), se indicó que por tercer año consecutivo, los precios de la indumentaria han aumentado por debajo de la inflación general.

Con datos del INDEC, la CIAI reportó que durante 2025 los precios de indumentaria y calzado acumularon un aumento del 15,3%, comparado con una inflación promedio del 31,5%. Esto posiciona al rubro como el de menor incremento del año. Claudio Drescher, presidente de la CIAI, explicó que desde fines de 2022, la inflación general acumuló un 792,1%, mientras que la ropa solo un 473,3%, lo que representa un abaratamiento relativo del 40,2% en un período de 36 meses.

Este fenómeno podría atribuirse a un mercado con consumidores más sensibles al precio y a una creciente competencia, impulsada por marcas extranjeras que han entrado al país con políticas de precios agresivas, como es el caso de Indian en el segmento femenino y Decathlon en el deporte. Según el sector, esta dinámica refleja ajustes comerciales destinados a sostener ventas en un contexto de consumo selectivo.

Un informe exclusivo para Infobae elaborado por la Fundación ProTejer complementa esta visión, sosteniendo que a largo plazo, la indumentaria no ha encabezado la inflación. De hecho, los precios de las prendas de vestir y calzado se han situado entre los de menor variación relativa dentro de la canasta general. ProTejer destacó que “la ropa no lideró la inflación” y que en varios períodos los aumentos han estado por debajo del índice general.

El informe también analiza la relación entre importaciones y precios locales, indicando que en años de fuerte ingreso de productos del exterior, la indumentaria experimentó aumentos por encima de la inflación, mientras que en períodos de menor importación, los precios crecieron por debajo del índice general. Esta evidencia sugiere que la relación entre apertura comercial y precios no es automática, ya que depende de múltiples factores económicos.

La investigación de ProTejer también puso de manifiesto cómo el ciclo económico influye en los precios. Al disminuir el ingreso real y caer el empleo formal, el consumo de indumentaria se contrajo, lo que llevó a las empresas a moderar sus precios para mantener las ventas. En este sentido, el informe describió un mercado deprimido, con sobreoferta y capacidad productiva ociosa.

Además, el estudio advirtió que basarse en precios de shopping puede generar distorsiones, dado que una parte significativa de la indumentaria vendida en esos centros es importada y comercializada bajo estructuras de costos elevadas. En contraste, canales como comercios de cercanía, ferias y ventas online presentan precios más diversos. ProTejer estimó que menos del 10% del valor de una prenda vendida en centros comerciales corresponde al costo industrial directo, mientras que cerca del 50% se vincula a impuestos.

Las empresas del sector han descrito un escenario con consumidores más racionales y márgenes ajustados. En una conversación con Infobae, un representante de una marca infantil mencionó que, “cuando la inflación se moderó, el público comenzó a distinguir con mayor claridad qué productos resultaban caros o accesibles”. A pesar de haber cumplido metas de venta en 2025, priorizaron la sostenibilidad del empleo sobre la rentabilidad.

Como referencia, indicaron que lanzarán su colección de otoño-invierno con camperas escolares a $69.000, un precio equivalente a USD 50 en la actualidad. Sin embargo, al comparar con el exterior, algunos productos tienen precios similares o incluso más altos. Para el próximo período, se anticipa que los precios de la ropa acompañen una inflación cercana al 25%, una cifra que marca un cambio respecto al año anterior.

Por otro lado, una compañía enfocada en indumentaria femenina de segmento medio manifestó que los precios de 2025 resultaron en promedio similares a los del año anterior, gracias a cambios en la ecuación de abastecimiento. En este contexto, el consumidor ha reducido la cantidad de prendas por ticket, priorizando promociones. Mientras tanto, el Gobierno observa con atención este abaratamiento relativo de la ropa en los últimos dos años.

El economista Ramiro Castiñeira sostiene que los precios de la ropa y el calzado han registrado una caída cercana al 30% en términos reales en los últimos dos años, ampliando el acceso a indumentaria y liberando recursos para otros consumos. Destacó que el Mercosur, con aranceles elevados en el sector textil, ha limitado el ingreso de importaciones, lo que ahora permite una comparación de precios con países vecinos como Brasil y Uruguay.

En resumen, la realidad del mercado textil argentino es compleja y multifacética. Si bien las percepciones sobre los precios pueden ser negativas, la evidencia y los datos sugieren una reestructuración en el sector que responde a un consumidor cada vez más racional y a un contexto de mayor competencia. Para muchos, esto podría ser un momento de oportunidades, donde la apertura comercial y la adaptabilidad juegan un papel crucial en la evolución del mercado.

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