¡Alerta! La reforma laboral podría duplicar el costo de tus préstamos personales: ¿te lo vas a perder?

Buenos Aires, 6 de febrero (NA) – En el marco del debate por la modernización de las relaciones laborales que se discute en el Congreso de la Nación, una cuestión clave del artículo 35, que habilita el pago de haberes en billeteras virtuales, ha pasado desapercibida: ¿qué impacto tendrá esto en el acceso al crédito para las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las familias argentinas?
El tema ha generado preocupación entre las cámaras bancarias, que advierten que esta modificación podría desestabilizar un mecanismo esencial para el sistema crediticio. Según la Agencia Noticias Argentinas, los bancos sostienen que el flujo estable de salarios acreditados en cuentas bancarias tradicionales se ha convertido en la “materia prima” necesaria para otorgar préstamos a las pymes.
El argumento es claro: cuando los salarios se desvían masivamente hacia billeteras virtuales, el dinero cambia de naturaleza. En un comunicado conjunto emitido por la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) y la Asociación de Bancos Públicos y Privados de la República Argentina (ABAPPRA), se enfatiza que “cuando los fondos son canalizados a través de los PSP, son gestionados principalmente mediante la colocación en Fondos Comunes de Inversión (FCI).”
Datos recientes indican que aproximadamente el 40% de los depósitos del sistema financiero ya está colocado indirectamente en fondos de money market. Si se aprueba el artículo 35, se profundizaría esta dinámica, ampliando el volumen de fondos inestables y reduciendo la base prestable de los bancos. Esto sucede porque, aunque esos fondos retornen a las entidades, lo harían como fondos institucionales, concentrados y volátiles, que exigen mayores colchones de liquidez y no pueden ser utilizados para financiar pymes.
Claudio Cesario, presidente de la ABA, subrayó que “para poder prestar se necesita ‘materia prima’: los depósitos”. Su advertencia es clara: si los depósitos salen del sistema bancario, “el crédito, por lógica, se encarece, sobre todo para familias y pymes”. A su juicio, la cuenta sueldo es “la espina dorsal del sistema”. Además, resaltó que los depósitos bancarios están garantizados hasta $25 millones, lo que aporta confianza a los usuarios.
Disparidades en el acceso al crédito
Un informe de ABAPPRA, basado en datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), revela una marcada disparidad entre quién concentra el volumen de capital prestado y quién llega a más empresas. El Banco Nación lidera con 24,0% del capital total destinado a pymes, seguido por Banco Galicia con 14,4%, Banco Santander con 8,9% y Banco Macro con 8,6%.
Sin embargo, al analizar la cantidad de empresas atendidas, el panorama cambia. Banco Galicia encabeza con 12,7%, seguido por Banco Santander con 10,1% y BBVA con 9,0%. En este contexto, plataformas como Mercado Libre (con 8,9% de las firmas) y Tarjeta Naranja (con 6,3%) comienzan a jugar un papel relevante en la atención a pymes.
Por otro lado, la Cámara Argentina de Fintech argumenta que la economía ya funciona con pagos digitales, promoviendo la libertad de elección para los trabajadores sobre dónde cobrar. Según su comunicado, hoy se realizan 28 pagos electrónicos por adulto al mes, en una relación de casi 15 a 1 frente a las extracciones de efectivo, lo que se atribuye a la adopción de cuentas digitales. Para este sector, permitir que los haberes se cobren en billeteras sería un paso natural: “Donde les rinda más, donde les resulte más fácil, donde se sientan mejor tratados”.
Un informe de COELSA revela que el 72% de los usuarios financieros —aproximadamente 27 millones de personas— tiene cuenta en un banco y en una billetera a la vez. Además, cada argentino posee en promedio 8 cuentas abiertas, lo que demuestra que el sistema ya es híbrido y la disputa se centra en el flujo más valioso: el salario.
La consultora D’Alessio IROL también aporta datos sobre preferencias de cobro: el 37% sigue eligiendo la cuenta bancaria tradicional como “espacio de resguardo del ingreso”; 26% acepta cobrar indistintamente en banco o billetera; y 15% lo haría bajo ciertas condiciones, como transferencias simples o beneficios concretos. Este panorama se torna más abierto entre menores de 34 años, mientras que los mayores de 55 años muestran mayor cautela.
En niveles socioeconómicos más bajos, el freno no es tecnológico, sino el riesgo percibido de “perder el ingreso” ante fallas o la falta de soporte, lo que añade una capa de complejidad al debate sobre el futuro del crédito en el país.
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