¡Descubre cómo la obesidad puede triplicar el riesgo de infecciones graves! ¡No te quedes atrás!

Obesidad y Riesgo Infeccioso: Un Estudio Revelador

Durante años, la obesidad se entendió principalmente como un factor de riesgo crónico, vinculado a condiciones como la aterosclerosis, la diabetes tipo 2 y el cáncer. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 obligó a repensar esta perspectiva, evidenciando que el exceso de tejido adiposo no solo compromete la salud a largo plazo, sino que también afecta el pronóstico inmediato frente a infecciones agudas.

Un estudio publicado en The Lancet en 2026, que analizó más de medio millón de personas durante una década, aborda este nuevo enfoque. Se combinaron dos cohortes finlandesas con 67.766 adultos y el UK Biobank, que aportó 479.498 participantes, excluyendo a aquellos que ya habían sufrido infecciones graves al inicio del seguimiento. En total, se registraron 547.264 adultos durante más de 10 años, con más de 90.000 infecciones que requirieron hospitalización o causaron muerte.

Los hallazgos son contundentes: el riesgo de hospitalización y muerte por infecciones grave aumenta significativamente con el índice de masa corporal (IMC). Comparando a personas con un IMC normal (entre 18.5 y 24.9 kg/m²) con aquellas con obesidad grado III (IMC igual o mayor a 40 kg/m²), el estudio encontró que el hazard ratio para la hospitalización por infección fue de 3,07, mientras que para la muerte por infección fue de 3,54. Esto significa que una persona con obesidad grado III tiene más de tres veces más probabilidad de ser hospitalizada o fallecer a causa de una infección grave en comparación con alguien con peso saludable.

Además, el análisis general de la obesidad (IMC igual o mayor a 30 kg/m²) reveló un hazard ratio combinado de 1.7, indicando que tener obesidad implica un 70% más de riesgo de hospitalización o muerte por infección grave. Este patrón se mantuvo incluso al ajustar por edad, sexo y otras comorbilidades, lo que subraya que la obesidad tiene un efecto propio e independiente en el riesgo de infecciones.

El estudio también demostró que los resultados adversos no se limitan al aparato respiratorio. Se evaluaron 925 diagnósticos infecciosos agrupados en 22 categorías, encontrando que el hazard ratio para infecciones bacterianas está en torno a 1.7 y para infecciones virales cerca de 2. Las infecciones cutáneas y de partes blandas mostraron un hazard ratio de 2.8, mientras que para el COVID-19 fue de 2.3, lo que indica un aumento considerable del riesgo en todos estos escenarios.

Desde una perspectiva biológica, la obesidad se define como un estado inflamatorio crónico de bajo grado, que afecta la función inmune. La disfunción de linfocitos T y las alteraciones en la actividad de células NK son solo algunas de las consecuencias que complican la respuesta del organismo ante infecciones. Este estado inflamatorio, junto con la producción de citocinas proinflamatorias por parte del tejido adiposo, disminuye la capacidad del sistema inmunológico para contener patógenos, aumentando la probabilidad de desenlaces graves.

La implicancia de estos hallazgos es significativa para la práctica clínica en Argentina, donde más del 25% de los adultos presenta obesidad y más del 60% tiene exceso de peso. Si aplicamos un hazard ratio de 1.7 a este contexto, se puede inferir que una proporción considerable de las hospitalizaciones por infecciones podría verse amplificada por la obesidad. Esto se traduce en una mayor carga hospitalaria, un incremento en el consumo de antibióticos y una mayor utilización de camas críticas, lo que nos hace más vulnerables ante olas epidémicas.

Los autores del estudio estimaron que, en 2023, hubo 5.4 millones de muertes por infecciones a nivel global, de las cuales 0.6 millones fueron atribuibles a la obesidad, representando así el 10.8% de estas muertes. Durante 2021, esa cifra alcanzó el 15%, lo que refleja la gravedad de la situación en el contexto de la pandemia.

En conclusión, este estudio reconfigura la obesidad como un factor de riesgo significativo no solo para enfermedades cardiovasculares y cáncer, sino también para infecciones graves. La relación es consistente y parece indicar que la prevención y el tratamiento de la obesidad podrían ayudar a reducir no solo infartos y accidentes cerebrovasculares, sino también hospitalizaciones y muertes por infecciones. Abordar la obesidad debe ser una prioridad en la salud pública argentina, considerando su impacto en la mortalidad y en la carga del sistema de salud.

Te puede interesar:

Subir