¡Impactante! Muere Ángela Murillo, la primera mujer en la Audiencia Nacional: ¿Qué se esconde detrás de su repentina partida?

Ángela Murillo, una figura emblemática de la Justicia española, ha fallecido este viernes a los 73 años. Su trayectoria se destaca no solo por ser la primera mujer en presidir una sección de la Audiencia Nacional, sino también por su firme compromiso en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico en España. Murillo se unió a la Sala de lo Penal en 1993, marcando un hito en la historia judicial del país.
Nacida en Almendralejo, Badajoz, en 1951, Murillo comenzó su carrera judicial en 1980, a la temprana edad de 25 años, en una época donde la presencia de mujeres en los tribunales era aún escasa. Desde su primera asignación en Lora del Río, Sevilla, pasó por varias localidades como Vélez Málaga, Onteniente y San Sebastián, hasta culminar su carrera en la Audiencia Provincial de Madrid y finalmente en la Audiencia Nacional.
Su labor en la Audiencia Nacional coincidió con una transición en los tipos de juicios que se llevaban a cabo. Mientras que inicialmente se enfrentó a casos de terrorismo y narcotráfico, en sus últimos años se dedicó a casos de corrupción y delitos económicos. A lo largo de sus 30 años en la institución, Murillo participó en varios juicios que marcaron la pauta en la justicia española, siendo recordada por su dedicación y rigurosidad.
Entre los hitos más destacados de su carrera, se encuentra su intervención en el juicio contra la organización EKIN, vinculada a ETA, que se extendió por 16 meses y resultó en la condena de 47 personas. También destacó en varios juicios relacionados con el narcotraficante Laureano Oubiña, quien fue absuelto en un caso por presunción de inocencia, aunque Murillo lo interrogó en posteriores juicios, reafirmando su compromiso con la justicia.
A lo largo de su carrera, se vio envuelta en un incidente notable con el dirigente de Batasuna, Arnaldo Otegi, donde su comentario, "Ya sabía yo que no me iba a contestar", tras preguntarle si condenaba el terrorismo de ETA, fue considerado parcial. Este episodio llevó a la recusación de su tribunal por parte del Tribunal Supremo, y posteriormente, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos determinó que existía un "temor legítimo" sobre la imparcialidad del tribunal, resultando en la anulación de la condena en el 'caso Bateragune'.
Murillo también desempeñó un papel crucial en el caso de José Manuel Villarejo, un excomisario implicado en una de las tramas de corrupción más grandes en la historia reciente de España. Presidiendo varias vistas relacionadas con este caso, se investigaron delitos como cohecho y blanqueo de capitales, reforzando su reputación como una jueza estricta y centrada en la solidez de las resoluciones.
El legado de Ángela Murillo en la Audiencia Nacional es significativo. Su compromiso con la ley y su forma rigurosa de entender el oficio han dejado una huella imborrable en la justicia española, tanto en los juicios mediáticos como en aquellos que han transformado el sistema judicial del país. Su muerte no solo marca el fin de una era para la justicia española, sino también la pérdida de una pionera cuyo impacto perdurará en el tiempo.
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