¿Sabías que más de 30.000 personas han sido víctimas de crimen organizado en Argentina? ¡Descubre la verdad oculta!

La violencia en Río de Janeiro se exacerba día a día, y las preocupantes imágenes que han circulado a nivel mundial reflejan un problema que afecta no solo a los residentes de las favelas, sino también a millones de turistas que visitan la ciudad. La icónica urbe, que combina la belleza de sus playas con una desigualdad social casi impúdica, enfrenta un desafío que parece estar más allá del control estatal. En áreas donde la pobreza y la exclusión social dominan, organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico han establecido un dominio que se manifiesta de manera alarmante.

Recientemente, la Operación Contención buscó frenar la expansión del crimen en las favelas de Complexo da Penha y Complexo do Alemão. Estas áreas son estratégicamente importantes, ya que tienen el poder de cortar vías clave de comunicación, incluyendo el acceso al Aeropuerto Internacional del Galeão. Aunque operativos de este tipo no son nuevos, la magnitud y el número de muertos generaron atención internacional y un renovado enfoque en la crisis de seguridad que enfrenta la ciudad.

Río de Janeiro alberga más de 1000 favelas, donde viven entre 1.5 y 2 millones de personas, lo que representa casi el 20% de la población del estado. La mayoría de estos residentes vive al margen del sistema formal; aunque no todos son delincuentes, muchos dependen de las estructuras de poder que han reemplazado al Estado. El Comando Vermelho, junto con el Terceiro Comando Puro (TCP) y Amigos dos Amigos (ADA), controla no solo el narcotráfico, sino también actividades como el tráfico de armas, la prostitución, el sicariato y la trata de personas. Sin embargo, su influencia va más allá de lo ilícito; estas organizaciones son también responsables del transporte, la provisión de agua y hasta la seguridad en sus territorios.

Durante más de 20 años, hemos explorado las dinámicas de las favelas desde diversas perspectivas, intentando entender la complejidad de su funcionamiento. La seguridad hemisférica ha sido un tema recurrente tanto en la revista DEF como en las actividades realizadas por la Fundación Taeda. América Latina enfrenta una alarmante media de 18 a 20 homicidios cada 100.000 habitantes, frente a una media mundial de apenas 5% o 6%. Este contexto revela que el crimen organizado y el narcotráfico son, sin duda, las causas principales de la violencia, que a menudo afecta desproporcionadamente a los más vulnerables.

Desde la Fundación Taeda, hemos mantenido un diálogo constante sobre este fenómeno con líderes estatales, académicos y expertos en seguridad, y hemos organizado numerosos seminarios en diversas capitales de América. Parte de nuestra misión ha sido abordar el tema del lavado de dinero, un aspecto clave en la problemática del narcotráfico que sigue generando un ciclo de violencia y desestabilización.

La situación en las favelas de Río es particularmente compleja. Su geografía densa y enrevesada, junto con la falta de presencia estatal efectiva, las convierte en espacios casi inexpugnables. Las operativas del BOPE, la fuerza de élite encargada de combatir el crimen organizado, revelan la tensión y el riesgo constante en la zona. Durante cada intervención, la situación es extremadamente tensa, y es difícil imaginar la vida cotidiana en un entorno donde los disparos son casi la norma y la protección es inexistente.

Dentro de la favela Complexo do Maré, se encuentra la denominada Faixa de Gaza, un área que simboliza la violencia omnipresente en la región. Aquí, los enfrentamientos entre facciones rivales son frecuentes y han llevado a la muerte de muchos, incluidos delincuentes y fuerzas del orden. La falta de control político y judicial, sumada a los pésimos controles de lavado de dinero y un sistema carcelario obsoleto, perpetúa un ciclo de violencia que resulta difícil de romper.

En este ambiente, la connivencia política y de las Fuerzas de Seguridad se torna evidente, ya que algunos actores utilizan el caos a su favor, lo que contribuye a la impunidad que prevalece en la región. Mientras tanto, el cementerio municipal de Inhaúma se llena de víctimas de un conflicto que parece no tener fin, reflejando la realidad de un país que, ante la falta de soluciones efectivas, sigue atrapado en el mismo ciclo de violencia y criminalidad.

La situación en Río de Janeiro y las favelas ilustra una crisis regional que va más allá de las fronteras geográficas. Los desafíos del narcotráfico y el crimen organizado no son exclusivos de Brasil; afectan a toda América Latina. El momento de despertar a una realidad que ha sido ignorada por muchos es ahora, aunque pueda ser tarde, es imperativo que los gobiernos y la sociedad civil trabajen juntos para encontrar soluciones viables que prioricen la seguridad y el bienestar de todos.

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