¡Descubre el impactante secreto que todos ocultan sobre la verdad y la ideología en Argentina!

La reciente nota de Mariano Narodowski, publicada en esta página el 4 de diciembre, resulta oportuna para desarmar varios mitos políticos que han surgido en torno a la reforma educativa iniciada en 1993. Uno de los mitos más persistentes sostiene que, hasta ese momento, existía un sistema educativo de alcance nacional que la reforma desarticuló. Sin embargo, la evidencia y el mismo Congreso Pedagógico Nacional de 1984 ya verificaban la fragmentación y la pobreza de la oferta educativa, mayoritariamente provincial. La Ley Federal de Educación y la Ley Nacional de 2006 se establecieron precisamente para reorganizar dicha oferta, asegurando un piso de calidad y equidad en todo el territorio y distribuyendo responsabilidades entre la Nación y las provincias, de forma similar a otros países federales.
Es interesante notar que Narodowski critica el estatismo que, según él, ha asfixiado las escuelas y a los gobiernos provinciales. No obstante, en aquellos años, él se acercaba a la Ctera (sindicato docente), acusando precisamente a esa política de ser privatista, tecnocrática y neoliberal. Si la política actual es la causa de la mala situación del sistema educativo, sería valioso que revisara el cumplimiento de las responsabilidades que la ley establece para cada nivel. El verdadero problema radica no en un estatismo asfixiante, sino en la ausencia del Estado.
El borrador del supuesto proyecto del gobierno se sustenta en los vacíos existentes y propone una solución que resulta conceptualmente contradictoria y, en partes, redundante. Es crucial recordar que los padres ya tienen la libertad de elección sobre la educación de sus hijos, e incluso pueden optar por desescolarizarlos. Sin embargo, esta no parece ser la demanda general. Además, existe un sector privado bien desarrollado que cuenta mayoritariamente con subsidios estatales. Promover la enseñanza religiosa en las escuelas estatales resulta antiliberal y retrógrado.
Aunque la propuesta de avanzar hacia la autonomía de las escuelas es interesante, la ley vigente no lo impide. Esta autonomía debería entonces interpretarse como una delegación de algunas facultades para facilitar el funcionamiento de las escuelas, siempre bajo el control de las autoridades educativas. Autonomía no es sinónimo de abandono.
En cuanto al financiamiento propuesto, parece más ideológico que racional, dado que sugiere asegurar un financiamiento de doble entrada para las escuelas privadas, lo que podría resultar más costoso que invertir en la mejora del rendimiento escolar en el sistema actual, tanto estatal como privado.
A diferencia de Narodowski, considero que un cambio radical sería promover la descentralización del presupuesto a nivel de cada escuela. Esto aseguraría que la mayor parte de los recursos esté directamente en las escuelas, desarticulando las cajas negras de las administraciones centrales que son comunes en el sector. Además, se debería construir un sistema de formación docente de alta calidad y establecer una verdadera carrera profesional para los educadores.
En síntesis, las escuelas no están “atrapadas” por una estructura fallida, sino que se encuentran desamparadas. La solución no radica en incentivar la educación privada, sino en trabajar para que cada nivel de gobierno cumpla con sus funciones. Ayudaría mucho contar con un mayor rigor profesional y apego a la verdad en el debate que rodea a la educación en Argentina.
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