¡Increíble! La sala de Kinesiología de OSECAC ahora lleva el nombre de Pablo Buttini: ¿Por qué esto generó tanto revuelo?

En un emotivo acto realizado en la sede de OSECAC San Rafael, autoridades, trabajadores de la salud y familiares se unieron para rendir homenaje al kinesiólogo Pablo Augusto Buttini, quien recibió el honor de que su nombre fuera impuesto en la sala de Kinesiología de la obra social. Este reconocimiento se da en el marco de su legado, tras más de 30 años de dedicación y compromiso en su trayectoria profesional y humana.

Este homenaje llega a pocas semanas del trágico fallecimiento de Buttini, que ocurrió el pasado 25 de octubre. El conocido kinesiólogo perdió la vida en un accidente en la Estancia Don Santiago, situada en la zona de Corral de Lorca, en General Alvear. Según informaron fuentes cercanas, Buttini había subido solo a la parte superior de un molino de su propiedad, a unos 10 metros de altura, con la intención de inmovilizarlo debido a los fuertes vientos que se habían registrado en la zona. Desafortunadamente, cayó al vacío y falleció en el lugar, a los 51 años.

La noticia de su muerte generó un profundo pesar en la comunidad de la salud y entre quienes lo conocieron. Buttini no solo era un profesional altamente capacitado, sino también una figura cercana, apreciada y respetada por pacientes y colegas. Su dedicación y vocación por la kinesiología lo convirtieron en un referente en su campo.

La colocación de su nombre en la sala de Kinesiología de OSECAC busca honrar no solo su legado, sino también su inquebrantable compromiso con el bienestar de sus pacientes. Este gesto es un reconocimiento a su vocación y entrega a lo largo de más de tres décadas de servicio. Durante el acto, el secretario general de la UEC, Luis Lucchesi, recordó a Buttini con profunda emoción, destacando su contribución y el impacto que dejó en la vida de tantas personas.

El homenaje a Pablo Augusto Buttini es más que un simple reconocimiento; es un reflejo del aprecio y la admiración que la comunidad tiene por aquellos profesionales que, como él, dedican su vida a cuidar la salud de los demás. Su legado perdurará en la memoria colectiva y en los pasillos de la sala que ahora lleva su nombre, un espacio donde muchos seguirán beneficiándose de su dedicación y entusiasmo por la kinesiología.

La vida de Buttini nos recuerda la importancia de valorar a los profesionales de la salud que, día a día, trabajan incansablemente para mejorar la calidad de vida de sus pacientes. En un momento donde la salud es una prioridad, su historia es un testimonio de la dedicación y el amor por la profesión.

Para aquellos que lo conocieron, la pérdida es irreparable, pero su legado inspirará a futuras generaciones de kinesiólogos a seguir su camino de compromiso y vocación. En sus 51 años, Pablo Augusto Buttini dejó una huella imborrable, y su nombre en la sala de kinesiología será un constante recordatorio de su pasión y entrega.

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