¿Quién era Franco en realidad? La verdad oculta sobre mi padre que te dejará sin aliento... ¡No podrás creerlo!

Crecí admirando a mi padre, Franco Macri, el mayor de mis maestros. Nada de lo que soy, nada de lo que alcancé en la vida habría sido posible sin él. Esta afirmación, lejos de ser un lugar común, encierra un largo ciclo de encuentros y desencuentros, luces y sombras, y enseñanzas sobre lo que hay que hacer y lo que es fundamental evitar. Al crecer, reconozco en mí rasgos, actitudes y palabras suyas, pero también las diferencias que nos separan, que hacen de cada uno una persona única.

La relación con mi padre no siempre fue fácil. En la tradición en la que él se había criado, la figura del primogénito tenía un peso determinante. En las viejas familias italianas, el hijo mayor debía cargar con una serie de obligaciones y expectativas que, aunque no estaban escritas, conformaban toda una idea de familia. Se prepara al primogénito para ser el sucesor, pero mi historia con Franco refleja que, aunque estuve cerca de ocupar ese lugar, nunca llegó a concretarse. Su dificultad para delegar y su conflicto con la finitud de la vida fueron factores que dañaron nuestra relación, generando costos muy altos en el ámbito afectivo.

Esta situación de “heredero” conlleva una exigencia desmedida, así como el amor que uno puede recibir, que no siempre es incondicional. En mi caso, experimenté una constante manipulación emocional. Papá, en su dualidad, podía considerarme un genio un día y, al siguiente, decirme que no entendía nada. Como muchos hijos, me tocó rebelarme, buscar mi propio camino y mis sueños. Esta decisión desencadenó tormentas y pasiones, como en toda historia italiana que se precie. Nos llevó años lograr un reencuentro basado en el respeto a nuestras diferencias.

Franco Macri, un inmigrante italiano que se hizo a sí mismo, fue un hombre público que enfrentó calumnias y difamaciones. Se lo acusó de ser contrabandista, de beneficiarse con el régimen militar y de evasor. Sin embargo, ninguna de estas acusaciones se comprobó jamás. Su imagen fue utilizada en el contexto del menemismo, marcado por la relación con Horacio Verbitsky y la administración de Néstor Kirchner, quien, en un intento por deslegitimarnos, amenazó con destruirlo si yo no me alineaba políticamente. Esto afectó profundamente nuestras vidas.

En este relato, quiero reivindicar a mi padre como un visionario y un hacedor excepcional. Franco Macri fue un hombre que logró ser el mayor empleador de Argentina en su momento. Su legado incluye proyectos como los celulares, las torres de Catalinas Norte y la autopista Panamericana, entre muchos otros. Sin embargo, su historia también es una de claroscuros, donde su ambición y su deseo de control lo llevaron a un camino autodestructivo, especialmente en los últimos años, cuando comenzó a sufrir un deterioro cognitivo, consecuencia de la demencia.

Mi relación con él fue compleja. Antes de 1994, no solo era su hijo, sino también su único jefe y discípulo. Sin embargo, a medida que la presión se intensificaba, me di cuenta de que estaba perdiendo mi identidad. Fue entonces cuando mi esposa, Isabel Menditeguy, advirtió el daño que me causaba el vínculo con papá. Ella me animó a comenzar un tratamiento psicoanalítico, lo cual me abrió a una nueva perspectiva de vida. Las discusiones y los desencuentros se volvieron cotidianos, hasta que un día decidí que debía dejar la empresa.

Fue un momento liberador, aunque difícil. Le dije: “Papá, me voy de la empresa. Esto no da para más”. Sus palabras iniciales reflejaron incredulidad. Creyó que mi decisión era una fase juvenil que pasaría. Pero había llegado el momento de bifurcarnos. A partir de entonces, nuestra relación se tornó más complicada. La lucha por el control y el reconocimiento continuó, hasta que finalmente asumí la presidencia del Club Atlético Boca Juniors, lo que representó un escape y una nueva identidad para mí.

Boca fue mi primer trabajo fuera de las empresas familiares. Allí descubrí una mezcla de alivio y felicidad al dejar atrás la sombra de mi padre. Sin embargo, mientras yo avanzaba, la relación con Franco seguía siendo tensa. Su ambición lo llevó a cometer errores en sus decisiones de negocio, como su intento fallido de hacerse cargo del Correo Argentino, una decisión que finalmente resultó desastrosa y que acentuó su declive.

Mi experiencia en la política también fue marcada por su legado. Enfrenté una extorsión por parte del kirchnerismo, que utilizó a mi padre como forma de presión. No obstante, me mantuve firme en mis convicciones y nunca acepté que el éxito de mi carrera dependiera de mi relación con él. La lucha por la independencia se convirtió en un hilo conductor de mi vida.

Mi historia con Franco Macri es la de un hombre que fue a la vez mi héroe y mi rival. A través de los años, aprendí a valorar tanto lo que me enseñó como lo que decidí no replicar. Este relato es un homenaje a un hombre que, a pesar de sus fallas, dejó una huella imborrable en Argentina y en mi vida.

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