¿Quién fue el inesperado comprador del té mortal de Yiya Murano? ¡La verdad te dejará helado!

Un empresario de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, ha causado revuelo al comprar el juego de té que perteneció a María de las Mercedes “Yiya” Murano, la mujer conocida como la “envenenadora de Monserrat”. Este juego de vajilla fue utilizado en crímenes que conmocionaron a la sociedad argentina en los años 70, cuando Murano envenenó a tres de sus amigas con cianuro. La transacción se llevó a cabo recientemente en una escribanía, entre José Perrucio y Martín Murano, hijo de Yiya, quien estuvo involucrado en el intento de subastar la vajilla en 2023.

La compra se realiza en un contexto mediático complejo, ya que Perrucio es conocido por haber adquirido en el pasado un auto Mercedes Benz que perteneció a la famosa conductora Susana Giménez, el cual estuvo envuelto en una polémica por presunta importación fraudulenta. Por su parte, la vajilla de Yiya Murano no solo tiene un valor material, sino que también posee un significativo valor simbólico por la historia trágica que la rodea. Según informes de ADNSUR, durante la subasta pública realizada en 2023, el juego de té alcanzó ofertas de hasta 10.000 dólares, pero finalmente no se concretó la venta.

El hijo de Yiya, Martín Murano, había manifestado que el dinero recaudado se destinaría a una institución dedicada al rescate y cuidado de perros y gatos callejeros, lo que añade una capa adicional de interés a la historia. La figura de Yiya Murano resurge en la memoria colectiva, especialmente tras el estreno de una serie basada en su vida, que ha reavivado el debate sobre su caso y la percepción de la criminalidad en la sociedad argentina.

El caso de Yiya Murano es uno de los más recordados en la historia del crimen en Argentina. Entre febrero y marzo de 1979, se constató que Murano había envenenado a tres mujeres: su prima Lelia Formisano, su amiga Nilda Gamba y la madre de esta última, Carmen Zulema del Giorgio. Todas fallecieron tras compartir, supuestamente sin sospecha, una taza de té o café que contenía veneno. Murano fue detenida el mismo año de los crímenes y condenada en 1985, pero su historia ha trascendido más allá de su sentencia, convirtiéndose en tema de interés popular y objeto de análisis en libros y producciones audiovisuales.

La reciente compra del juego de té no solo reactiva el interés en la vida de Yiya Murano y su infame pasado, sino que también plantea preguntas sobre el valor del artefacto en sí mismo y su significado dentro de la cultura argentina contemporánea. A medida que la sociedad se enfrenta a sus propios miedos y fascinaciones en torno a la criminalidad, situaciones como la compra de este objeto emblemático nos recuerdan la delgada línea entre lo macabro y lo coleccionable. En un país donde los casos de envenenamiento y crimen pasional han sido parte de la narrativa social, este artículo refleja cómo el pasado puede volver a surgir de formas inesperadas.

La historia de Yiya Murano es un recordatorio de que, en el corazón de cada crimen, siempre hay un impacto humano, un dolor compartido y una sociedad que busca comprender su propio reflejo en los actos de los demás. La compra del juego de té, por tanto, no es solo un hecho aislado; es un capítulo más en una narrativa compleja que sigue fascinando y aterrorizando a muchos argentinos.

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