¿Sabías que el 70% de los jóvenes en Argentina cree que la educación es la única salida? ¡Descubre qué hacen los demás!

Desde hace tiempo, la salud mental de los adolescentes ha captado la atención tanto de padres como de profesionales de la salud. Cada vez se reportan más casos de ansiedad, depresión, soledad, trastornos del sueño y, en los casos más extremos, suicidios entre los jóvenes. Según el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, autor del reconocido libro “La generación ansiosa”, la Generación Z, nacida después de 1996, ha experimentado un “recableado mental” debido a una infancia marcada por la exposición a pantallas y algoritmos.
Las redes sociales son frecuentemente señaladas como las principales culpables de esta crisis, diseñadas para captar la atención y provocar una conducta adictiva, lo que resulta ser demasiado para una mente en desarrollo. Recientemente, varias iniciativas han comenzado a tomar forma, alimentadas por la creciente preocupación de las familias y el interés de los políticos en posicionarse sobre este tema crítico.
En Australia, se implementó una ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años, obligando a las plataformas a verificar la edad de los usuarios. Las multas por incumplimiento son millonarias, lo que refleja la seriedad con la que se está abordando la salud mental infantil a nivel gubernamental. Esta norma se votó el año pasado en un contexto electoral donde la salud mental fue detectada como una preocupación prioritaria por los votantes.
En Argentina, un grupo de padres en Mendoza ha decidido prohibir el uso de teléfonos celulares a sus hijos hasta los 13 años, una medida que está siendo observada por otras familias en diferentes colegios a lo largo del país. Además, el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires anunció que presentará ante sus pares de todo el país una iniciativa para desarrollar un programa nacional de “protección digital infantil”. Este plan contempla cambios normativos, mayor investigación y evaluaciones sobre el impacto de las tecnologías digitales en los menores.
La inquietud sobre la salud mental infantil sigue creciendo, impulsada por el miedo de los padres ante el impacto negativo de las redes sociales. Sin embargo, detrás de esta preocupación se libra una disputa más amplia: las grandes plataformas tecnológicas, que buscan maximizar la atención de los usuarios, contra la sociedad civil, que aboga por un desarrollo saludable de chicos y jóvenes.
La pregunta que surge es cómo responder a este fenómeno. Prohibir el acceso a las redes sociales puede parecer una solución inmediata, pero resulta complicado garantizar dicha prohibición y, además, podría restringir las oportunidades de desarrollo que ofrecen las herramientas digitales a toda una generación. La alternativa viable es la educación. Formar a los usuarios para que comprendan cómo funcionan las plataformas, qué buscan y cuáles son sus efectos es fundamental. En este sentido, la escuela tiene un rol crucial que desempeñar. Sin esta formación adecuada, cualquier prohibición o regulación extrema será, al final, solo un parche temporal en la lucha contra un experimento social sin precedentes.
El desafío es enorme, pero las soluciones deben ser proactivas y no reactivas. La formación de adolescentes críticos y conscientes de su entorno digital es la clave para construir un futuro más saludable tanto mental como emocionalmente. Así, la lucha por la salud mental de los jóvenes no solo debe centrarse en la prohibición, sino en la educación y la concientización, acompañada de políticas de apoyo que promuevan un desarrollo equilibrado en el uso de las tecnologías.
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