¿El kirchnerismo en caída libre? Descubre el impactante cambio que podría redefinir Argentina ¡hoy mismo!

La vida política en Argentina ha girado en torno a la polarización kirchnerismo-antikirchnerismo durante las últimas dos décadas. Esta simplificación permitió compactar identidades y facilitar el entendimiento de un escenario político complejo. Sin embargo, un fenómeno notable en la actualidad es que esta dinámica está **agotada**. La principal razón es la crisis que atraviesa el kirchnerismo, que recientemente ha sufrido un duro golpe al perder su bastión más valioso: la provincia de Buenos Aires.

La situación de su líder, Cristina Kirchner, quien se encuentra cumpliendo prisión, ha llevado a la falta de un liderazgo efectivo. La ex presidenta está más concentrada en encontrar estrategias judiciales que en dirigir sus esfuerzos políticos. En este contexto, ha comenzado a reconocer deficiencias imperdonables en sus planes de defensa ante la inminente causa Hotesur-Los Sauces, que investiga el presunto lavado de dinero y asociación ilícita vinculado a negocios familiares.

Esta crisis se agrava por la evidente desconfianza que Néstor Kirchner había cultivado al rodearse únicamente de parientes en los directorios de sus sociedades, algo que ahora se vuelve en su contra. Además, con el juicio en puerta, los medios de comunicación han comenzado a arrojar luz sobre otros escándalos, como el de los cuadernos de las coimas, que cada semana aporta un anecdotario poco edificante.

En medio de estos altibajos, el escándalo reciente en la AFA complica aún más la situación del kirchnerismo. Personalidades como Claudio “Chiqui” Tapia, designado por Axel Kicillof para el Ceamse, y Sergio Massa, cuyo nombre aparece vinculado a las fechorías de Javier Faroni y Pablo Toviggino, están en el ojo de la tormenta. Martín Insaurralde, ex jefe de Gabinete de Kicillof, también se ve implicado en maniobras de Sur Finanzas, lo que resalta la gravedad de la situación.

Aparte de estos escándalos, el kirchnerismo enfrenta una gran fisura interna. La relación de Cristina Kirchner con Axel Kicillof se ha vuelto tensa, ya que el gobernador busca disputar el control del PJ provincial, tradicionalmente liderado por Máximo Kirchner. Sin un liderazgo claro, los intendentes peronistas han comenzado a darse cuenta de que el partido está a merced de su control territorial, lo que podría llevar a un movimiento de provincialización del PJ bonaerense. Este cambio es significativo, dado que el peronismo ha sido la entidad política más influyente de Argentina desde que Eduardo Duhalde evitó la reelección de Carlos Menem.

La fractura kirchnerista podría ocultar un fenómeno más importante: el repliegue general del peronismo en el resto del país. En 2011, bajo la presidencia de Cristina Kirchner, el PJ gobernaba 20 provincias; hoy solo controla 9. En las elecciones del 26 de octubre pasado, el partido solo logró ganar en 7 provincias, lo que es un claro indicativo de su debilitamiento.

Este retroceso es difícil de explicar. Juan José Amondarain, en un artículo reciente, sugiere que ha surgido un nuevo consenso a favor de un orden ortodoxo para la macroeconomía, que no está ligado a una preferencia ideológica, sino que surge del sentido común de las masas. Los peronistas, que solían ser sinónimo de gobernabilidad, ahora son percibidos como un "partido productor de crisis".

Aunque es prematuro especular sobre la sucesión presidencial de 2027, la actual disputa por el poder no puede entenderse sin tener en cuenta ese horizonte. Es posible que las elecciones del 26 de octubre hayan sido la última oportunidad para gritar “kirchnerismo nunca más”, dado que la organización se ha deshilachado y ya no puede unificar al campo adversario.

Este vacío desconcierta a La Libertad Avanza, cuyo líder, Javier Milei, necesita un enemigo político claro. En su búsqueda, ha comenzado a provocar a figuras internacionales como Luiz Inácio Lula da Silva, quien, curiosamente, decidió no asistir a la cumbre de Asunción. Al mismo tiempo, Milei hostiga a Tapia y Toviggino, quienes están en el centro de un escándalo por presuntas coimas.

La situación de Tapia es delicada, ya que su rol como funcionario público podría implicar enriquecimiento ilícito. A pesar de los problemas, el kirchnerismo se encuentra en un proceso de retractación acelerada, dejando un vacío que el actual Gobierno deberá registrar o, por el contrario, seguir confrontando por inercia. La pregunta que queda es: ¿quién ocupará el lugar del adversario?

La economía también es un factor crucial en este reordenamiento político. A pesar de los indicadores positivos, como un crecimiento del PBI del 4,3% en 2025 y un incremento de las exportaciones del 6%, hay preocupaciones sobre la falta de recuperación en sectores clave como la industria y la construcción. La apertura económica también plantea interrogantes, con un aumento del 25,7% en importaciones.

La tensión entre la necesidad de reservas y las restricciones cambiarias se ha hecho evidente, lo que sugiere que el Gobierno deberá priorizar la compra de reservas mientras navega por un peso menos apreciado. En este contexto, las preocupaciones de la ciudadanía también han cambiado. Según un estudio de Hugo Haime, la corrupción lidera la lista de preocupaciones con un 40%, seguido por problemas económicos y de seguridad.

Este panorama complejo plantea la posibilidad de un nuevo agente político que sea capaz de incorporar los valores de la estabilización macroeconómica mientras ofrece una voz a quienes sufren las consecuencias de estas políticas. La pregunta que queda es: ¿qué fuerza política podrá enfrentar a Milei sin renunciar a los méritos de su modernización económica? La discusión sobre la reforma laboral será un primer test clave para identificar a aquellos que propongan alternativas.

Finalmente, el electoral 2027 se perfila como un escenario donde el kirchnerismo podría quedar en tercer lugar, indicando un cambio de época en la política argentina. ¿Quién será capaz de construir una alternativa viable en este nuevo contexto?

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