¿Caputo está jugando con fuego? ¡Descubre cómo su deuda a corto plazo podría hundirnos en un abismo financiero!

Luis Caputo, el actual Ministro de Economía de Argentina, logró sortear un primer obstáculo financiero del año tras el cumplimiento del pago de USD 4.200 millones en servicios de deuda externa el viernes 9 de enero. Este pago evitó un nuevo default argentino. Sin embargo, la manera en que se obtuvieron esos dólares ha suscitado numerosas interrogantes sobre la sostenibilidad del programa económico y la capacidad real del país para honrar los compromisos que se extienden hasta 2026.

Para cubrir el pago, el Gobierno optó por un mecanismo conocido como REPO, un acuerdo de recompra por USD 3.000 millones con bancos internacionales como Santander, BBVA, Deutsche Bank, Goldman Sachs, JPMorgan y Bank of China. Este préstamo, garantizado con bonos soberanos, debe devolverse en un año con una tasa del 7,4% anual. Muchos analistas han señalado que esta operación no es un logro, sino que expone las debilidades estructurales de un esquema que no resuelve los problemas de fondo.

Las críticas se centran en que el Gobierno está tomando deuda a corto plazo para cubrir vencimientos que, en condiciones normales, deberían enfrentarse con recursos propios o mediante la colocación de bonos en mercados internacionales. Sin embargo, Argentina aún no ha logrado romper la barrera de los 500 puntos en el riesgo país, una condición indispensable para que los inversores vuelvan a confiar y el país pueda financiarse a tasas razonables.

Índice
  1. La cuenta que no cierra
  2. Un modelo que genera más dudas que certezas

La cuenta que no cierra

Tras el pago, Caputo celebró en redes sociales, respondiendo a críticos con ironía: «Kukitas queridos, ya no psicopatean a nadie. Deuda tomaban ustedes, porque tenían déficit». Su argumento es que al tomar USD 3.000 millones para cancelar USD 4.200 millones, su gestión está reduciendo la deuda. Sin embargo, esta afirmación fue rápidamente cuestionada por expertos.

Federico Machado, economista del Observatorio de Política para la Economía Nacional, explicó que la cuenta es engañosa: «El vencimiento de capital es de USD 2.700 millones. Lo demás son intereses. Esos intereses deberían pagarse con superávit primario, no tomando más deuda. Si no, la deuda crece exponencialmente». Este es un problema serio; si se recurre sistemáticamente al endeudamiento para pagar intereses, se garantiza un efecto bola de nieve, donde cada año se debe tomar más dinero prestado para cubrir el costo de la deuda anterior, comprometiendo cada vez más recursos futuros.

Además, el calendario de vencimientos es apremiante. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, Argentina debe pagar un total de USD 17.900 millones en 2026. Ya se cumplió con los USD 4.200 millones de enero, pero aún quedan más de USD 13.000 millones por delante. El próximo gran desafío será el 9 de julio, cuando vencen otros USD 4.300 millones.

Un modelo que genera más dudas que certezas

Fernando Morra, ex viceministro de Economía durante la gestión de Martín Guzmán, fue contundente en su diagnóstico: «Un REPO no es deseable ni sostenible. Estás tomando deuda de corto plazo para maquillar que no tenés acceso al mercado. Y si el esquema cambiario no te permite acumular reservas, vamos a seguir en la misma». Morra advirtió que, en 2020, cuando se reestructuró la deuda que hoy vence, la idea era que para esta altura Argentina hubiera acumulado reservas suficientes. «Estamos en un escenario macro que no tiene las condiciones que pensábamos. El programa financiero no cierra. Lo único que puede seguir dándole vida es otro salvataje del FMI», sostuvo.

Incluso desde Estados Unidos llegaron señales de alerta. El Congressional Research Service, el centro de estudios del Congreso estadounidense, advirtió en un informe reciente que si Argentina no acumula reservas internacionales adecuadas, enfrentará decisiones difíciles: defaultear la deuda por décima vez o devaluar el peso. El documento pone en duda la estabilidad del esquema cambiario de Milei y la capacidad del país para cumplir con los pagos programados.

Pero el desafío no termina en los dólares. El Gobierno también enfrenta tensiones en el frente local. El próximo miércoles, vencen más de USD 19 billones en pesos correspondientes a Lecaps, de los cuales casi la mitad está en manos del mercado. A esto se suma un contexto de aceleración inflacionaria que complica la renovación de estos instrumentos. El mercado empieza a migrar hacia bonos ajustados por inflación, anticipando que la desinflación será más lenta de lo esperado y que el calendario de vencimientos en pesos muestra una concentración preocupante hacia fin de año.

Por ahora, Caputo ha evitado el default, pero lo hizo apelando a herramientas de emergencia que no resuelven los problemas estructurales. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo hacia mediados de año, donde tendrá que pagar unos USD 4.300 millones de los Bonares y Globales, unos USD 700 millones en Bopreales o similares, y otros USD 4.000 millones al FMI.

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