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El pasado domingo 18 de enero, a las 20:00, la tranquilidad de Córdoba se vio interrumpida por un grave accidente ferroviario en Adamuz, donde colisionaron dos trenes: el Iryo y el Alvia. En cuestión de minutos, los teléfonos de los hospitales privados comenzaron a sonar, alertándolos sobre la posible llegada de un centenar de heridos. Apenas quince minutos después del choque, el Servicio Andaluz de Salud (SAS) y el 061 iniciaron un despliegue de coordinación sanitaria para ampliar la cobertura del Hospital Reina Sofía.

Entre los centros que respondieron a la emergencia se encontraban el Hospital QuirónSalud, el Hospital Cruz Roja y el Hospital San Juan de Dios. En estos últimos, se encontraban 18 de los 37 heridos ingresados, de los cuales cinco estaban en la UCI. El director médico del Hospital Quirónsalud, Rafael Cuenca, recordó cómo fueron esas primeras horas tras el accidente: “En ese primer momento no sabemos qué nos va a llegar, no sabemos el número de heridos”.

Por esa razón, se activó de inmediato al personal disponible, incluyendo a los especialistas en Traumatología, Cirugía general, Cirugía torácica, Neurocirugía y Maxilofacial, quienes son fundamentales ante los traumatismos y las hemorragias típicas de estas catástrofes. En menos de una hora, el hospital ya contaba con casi toda su plantilla lista para atender a los heridos, incluso se habilitó un hospital de campaña dentro de las instalaciones, con camillas, medicamentos y mantas.

El doctor Francisco Sánchez, jefe de servicio de Urgencias del Hospital Quirón, destacó la “excelente” dirección del 061 durante la situación, señalando la importancia de tener protocolos claros: “Los protocolos hay que tenerlos escritos... pero hay que tener capacidad de maniobra”. Esta inmediatez fue una constante en todos los centros de salud que se activaron esa noche. El director gerente del Hospital San Juan de Dios, Horacio Pijuán, también enfatizó el compromiso de todo su equipo: “Pusimos las máximas camas de UCI y de observación, así como todos los especialistas que podían estar implicados”. El Hospital de Cruz Roja amplió su capacidad de urgencias, sumando siete camas de UCI y optimizando la atención en estancias individuales.

El compromiso y el impacto

A medida que la noche avanzaba, comenzaron a llegar los primeros heridos, muchos de ellos con “síntomas de hipotermia” y miedo visible en sus rostros. “He estado 14 años en el 061 y no es la primera vez que me enfrento a situaciones duras, pero no de esta envergadura”, aseguró Sánchez, recordando el peso emocional de recibir a las víctimas. Desde el Hospital Cruz Roja, Rafael Giménez mencionó: “La profesionalidad del médico se une al corazón para atender al paciente en toda su integridad”. Además de la atención médica, la Cruz Roja ofreció apoyo psicológico y suministros básicos a algunos de los afectados.

“La gente estaba tan comprometida que lo único que estaban mirando era la puerta para atender al que llegaba”, insistió Sánchez. En situaciones como esta, el primer contacto médico es crucial; en el cuarto minuto, el médico no solo ve al paciente, sino a la persona que sufre. Este enfoque humano es esencial en la atención, y el trato empático que ofrecen los enfermeros juega un rol fundamental.

Finalmente, Horacio Pijuán concluyó señalando que fue “una noche muy intensa, donde no solamente había que tratar a los pacientes desde un punto de vista asistencial y clínico, sino a las familias que venían en estado de gran nerviosismo y de gran incertidumbre”. La respuesta de los hospitales de Córdoba ante esta tragedia refleja no solo un compromiso profesional, sino también una profunda humanidad que caracteriza a los equipos de salud en momentos de crisis.

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