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Exposición de la Escuela TécnicaExposición de la Escuela Técnica N1 de Mercedes, Provincia de Buenos Aires

Argentina cuenta con un capital que muchos países envidian: un sistema educativo sólido y una tradición que ha establecido el estudio como una verdadera puerta hacia una vida mejor. Este pacto social se construyó a lo largo de millones de historias. Desde el primer integrante de una familia que accede a la universidad, hasta la joven que se gradúa de una escuela técnica y consigue un empleo calificado. Estas son las historias de movilidad social en su forma más tangible: sueños y oportunidades que se transforman en realidades.

El sistema universitario nacional ha logrado convertirse en uno de los consensos más amplios de nuestra sociedad. En varias ocasiones, cientos de miles de personas se han manifestado en todo el país para defenderlo del vaciamiento que intenta implementar el gobierno de Javier Milei. En estas instituciones se forman los profesionales que nos curan, construyen, producen y generan avances tecnológicos. Es un espacio donde se sostiene la investigación científica y se promueve el ascenso social.

La diversidad y la amplitud de este sistema se reflejan en sus 61 universidades nacionales, de las cuales 19 fueron creadas durante los 12 años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, asegurando que desde 2015 haya al menos una universidad en cada provincia. Este vasto universo alberga a más de 2 millones de estudiantes y cuenta con una comunidad de más de 220 mil trabajadores docentes y no docentes.

La próxima década será crucial, ya que los sectores estratégicos que impulsarán el crecimiento integral de nuestro país demandarán más técnicos y profesionales. Un claro ejemplo es el yacimiento de Vaca Muerta, donde se estima que en los próximos cinco años será necesario multiplicar por 2 o 3 la cantidad de profesionales. Esta situación evidencia que el desarrollo se construye mediante formación, ciencia aplicada y un trabajo calificado argentino.

Sin embargo, este pacto educativo necesita una actualización acorde a los tiempos actuales. La revolución tecnológica, la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización están transformando los perfiles laborales y la forma en que trabajamos y producimos. En este contexto, es esencial potenciar y cuidar la educación técnico-profesional, anticipándose a estas transformaciones. Debemos actualizar saberes, incorporar tecnologías emergentes y promover un pensamiento crítico que esté alineado con las demandas de nuestro territorio y sectores productivos.

En el mundo actual, los países que logran mantener salarios adecuados y una buena calidad de vida son aquellos que industrializan, agregan valor y protegen su trabajo calificado. Invierten en universidades, formación técnica y en ciencia y tecnología. Lo hacen porque entienden que el conocimiento se traduce en productividad, y esta, a su vez, se convierte en bienestar.

Cuando hablamos de educación, hablamos de un modelo de país. La educación, la producción y la calidad de vida están intrínsecamente relacionadas: sin profesionales y técnicos capacitados, la industria se debilita, lo que lleva a la precarización del trabajo y una reducción de salarios. Por el contrario, cuando el conocimiento se convierte en innovación y procesos tecnificados, se generan mejores empleos y mayor competitividad para Argentina.

La educación técnico-profesional es una palanca estratégica en este proceso. En las últimas dos décadas, ha crecido significativamente en Argentina, ampliando su presencia y ofreciendo más oportunidades. Sin embargo, las políticas de ajuste del gobierno nacional durante los últimos dos años han puesto en riesgo este desarrollo.

El futuro exige más que crecimiento, requiere coordinación. Se necesita una nueva institucionalidad que articule educación, trabajo y producción, convocando al Estado, provincias, universidades, empresas y comunidades educativas para definir perfiles profesionales y asegurar una planificación federal y estratégica.

Argentina se enfrenta a una elección fundamental: fortalecer sus capacidades o resignarlas. En un mundo que compite por ingenieros y empleo calificado, el camino inteligente es invertir en educación en todos sus niveles y asegurar que el conocimiento se traduzca en producción nacional. Esta es la esencia de nuestra discusión: un país se fortalece y se vuelve más justo cuando educa para incluir y producir.

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