¿El PJ bonaerense a punto de cambiar? Descubrí el secreto detrás de la "transformación" que podría dejarte sin respuestas.
El 15 de marzo se llevará a cabo la elección en el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires para definir al nuevo presidente de la organización, actualmente liderada por Máximo Kirchner. El hijo de la expresidenta Cristina Kirchner ha enfrentado resistencia interna y carece de votos propios, poniendo en juego un puesto que, si bien puede parecer irrelevante para el público general, es crucial para las disputas internas por los lugares en las listas de candidatos justicialistas. Esta elección se convierte en un claro enfrentamiento por el control de la “lapicera” y del poder en el corazón del peronismo: el territorio bonaerense.
Con las especulaciones sobre posibles nombres para liderar el partido a nivel provincial, la contienda electoral no parece ofrecer novedades que sugieran que el peronismo aprovechará esta oportunidad para transformarse en una fuerza verdaderamente democrática. En cambio, continúa siendo visto como un coto de caza nepotista, sin renovación y con ideas vetustas que han fracasado estrepitosamente.
El 8 de marzo es la fecha límite para la presentación de candidatos. Aunque el clima es de fuerte enfrentamiento entre Máximo Kirchner y el gobernador Axel Kicillof, no se puede descartar que, como en ocasiones anteriores, el peronismo intente una unidad a los ponchazos, tratando de disimular la lucha de egos y de poder que lo desangra, entre los discípulos de Cristina Kirchner y su expupilo predilecto, Kicillof.
Es interesante recordar que, en sus elecciones internas, el peronismo ha desestimado listas incómodas por cuestiones formales, como la falta de avales o datos incompletos en las planillas de inscripción. Esto se ha hecho para evitar elecciones que puedan incomodar al cacique político de turno. Un caso notable fue el del caudillo riojano Ricardo Quintela, quien, al intentar enfrentarse a Cristina Kirchner en las internas del PJ nacional, vio su caso escalar hasta la Justicia. En ocasiones anteriores, las juntas electorales partidarias han descartado listas para eludir internas de legisladores en distintos niveles.
Si no se presenta una lista única, las alternativas que ofrece el peronismo provincial son nombres repetidos de un fracaso consumado. La mera posibilidad de que Máximo Kirchner intente la reelección requiere poco comentario, dado que su nula capacidad política se ha dejado ver en el Congreso. Las opciones del camporismo, según se especula, incluyen intendentes como Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas, alineado con Cristina Kirchner y presidente de la junta electoral partidaria, o Federico Otermín, de Lomas de Zamora, vinculado a Máximo Kirchner y, especialmente, al exintendente Martín Insaurralde, un personaje escandaloso que ha sido investigado por sus gastos excesivos durante su gestión como jefe de Gabinete provincial. No parece que surjan opciones positivas de este panorama.
El sector de Kicillof presenta a la vicegobernadora Verónica Magario como su opción principal para intentar presidir el PJ provincial. Magario, quien también es presidenta del Senado bonaerense, junto a Fernando Espinoza, representa al peronismo en La Matanza, donde han alternado el gobierno en los últimos 20 años. La Matanza, el distrito más importante a nivel electoral en la provincia, enfrenta problemas graves como la inseguridad y la falta de crecimiento, manteniéndose atrapada en un ciclo de pobreza y marginalidad que ha persistido durante años de gobierno peronista.
Desde este espacio editorial, es evidente que el peronismo no podrá volver a disputar el gobierno nacional mientras continúe compuesto por una dirigencia envuelta en prácticas corruptas, que han llevado a condenas efectivas, como la que cumple actualmente Cristina Kirchner en un departamento en el barrio porteño de Constitución. La elección del PJ bonaerense será solo un capítulo más en la larga saga de luchas por el poder dentro del partido. Si los referentes del peronismo realmente están preocupados por refundar su fuerza, deberían reflexionar sobre cómo hacerlo para transformarla en un instrumento positivo en la construcción de un país mejor. De lo contrario, el peronismo seguirá siendo una pesada ancla que obstaculiza el desarrollo de Argentina.
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