¡El Senado en crisis! ¿Qué secretos ocultan las negociaciones inminentes del oficialismo para febrero? ¡No te lo pierdas!

La atención del país se centra en la segunda semana de febrero, un periodo crucial que la jefa del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, ha señalado como el objetivo para que el Senado apruebe el proyecto de reforma laboral que obtuvo dictamen en diciembre del año pasado. Esta iniciativa es considerada una de las principales obsesiones del gobierno de Javier Milei, que, tras la sanción del Presupuesto 2026, busca implementar modificaciones en la legislación laboral como un medio para enviar mensajes de gobernabilidad tanto a los mercados como al Fondo Monetario Internacional.

Para lograr que se apruebe, la Casa Rosada deberá estar dispuesta a aceptar una serie de cambios en el proyecto, lo que exigirá intensas negociaciones con la oposición dialoguista y, especialmente, con los gobernadores que tienen representación en la Cámara alta. Estos mandatarios controlan un número clave de votos que, de conseguirse, permitirían al oficialismo superar la resistencia de la CGT hacia la reforma.

El proyecto, que consta de más de 200 artículos, recibió dictamen a finales de diciembre, pero su debate en el recinto tuvo que ser pospuesto para las sesiones extraordinarias de febrero debido a las dificultades para reunir los votos necesarios. Este escenario generó descontento entre los bloques que apoyan el diálogo. A pesar de que el texto fue aprobado por un plenario de las comisiones de Trabajo y de Presupuesto y Hacienda, que presidió Bullrich, solo se consideraron algunas de las modificaciones propuestas por los actores involucrados, como funcionarios del Poder Ejecutivo, sindicalistas y empresarios.

Los bloques dialoguistas firmaron el dictamen como un gesto de apoyo al Gobierno y, en particular, a Bullrich, quien se ha consolidado como la nueva interlocutora de los libertarios en el Senado. Sin embargo, esto fue una estrategia para ganar tiempo mientras continuaban las negociaciones hasta el momento en que se trata el proyecto en el recinto.

El clima político se complicó aún más cuando el oficialismo llevó a cabo maniobras en la Cámara de Diputados, buscando derogar leyes de financiamiento universitario y de discapacidad, acciones que generaron malestar en la oposición del Senado. Como resultado, el acuerdo que Bullrich había tejido para acelerar la reforma laboral se desmoronó, y la decisión fue postergar el debate para febrero, con la promesa de retomar las negociaciones en la segunda mitad de enero.

A partir de esta semana, se espera que comiencen las reuniones para renegociar el proyecto. Según informaron desde el oficialismo, los encuentros se iniciarán el miércoles, momento en el cual esperan que senadores de los bloques dialoguistas ya se encuentren en Buenos Aires. La cantidad de cambios que se realizarán dependerá de los votos necesarios para aprobar la reforma. Una fuente legislativa oficialista enfatizó que hay un límite: “Si se hacen demasiados cambios, pierde su esencia y deja de ser conveniente”.

A pesar de las incertidumbres, en el equipo de Bullrich hay optimismo. Han comenzado a recopilar y organizar las solicitudes de cambios que se han recibido en su despacho. Aunque aún no se han adelantado modificaciones, parece probable que el Gobierno ceda en la reducción del impuesto a las Ganancias como incentivo para la creación de empleo, un asunto delicado que impacta en la coparticipación de impuestos que reciben las provincias. Este tema podría ser la clave para inclinar la balanza a favor de la aprobación de la reforma laboral en la Cámara alta.

Las gestiones de Bullrich y del ministro del Interior, Diego Santilli, han sido constantes en su búsqueda de respaldo legislativo a nivel provincial. Sin embargo, el resultado de estas gestiones sigue siendo una incógnita. Hasta el momento, ningún gobernador crítico ha manifestado su apoyo decidido a la reforma laboral tras las visitas de Santilli. Es comprensible que aún haya tiempo para negociar y que los reclamos de los gobernadores sean múltiples.

La influencia de los gobernadores es esencial para superar la resistencia de la CGT. Con el peronismo debilitado y aún desorientado tras la reciente derrota electoral, la oposición de los mandatarios provinciales podría ser el último bastión al que se aferre la central obrera para frenar el avance del proyecto.

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