¡Las 5 estrellas ocultas del cine argentino que podría cambiarlo todo y no lo sabías!

¿A dónde vamos? Al cine. ¿Qué vamos a ver? La de Tom Cruise. O la de Brad Pitt. O la de Guillermo Francella. En un mundo donde los nombres de las estrellas funcionan como un sello de calidad, estas figuras no solo son actores, sino que se han convertido en marcas registradas. Al igual que la aspirina, sabemos de qué se trata cuando esos nombres aparecen en el póster o en el tráiler. Sin embargo, en las últimas décadas, el nombre no solo representa al actor, sino que también puede ser una franquicia. “Voy a ver la de Star Wars”, “tengo entradas para la de Marvel” o “está la de Batman” son afirmaciones comunes que indican cómo el público ha apostado por lo seguro. En un contexto donde las entradas de cine tienen un costo significativo, la presencia de estas estrellas promete un retorno de inversión al espectador.

Sin embargo, esta dependencia del star system se enfrenta a un dilema creciente. La curiosidad, que alguna vez pudo influenciar nuestras decisiones cinematográficas, ha sido desplazada por la necesidad de asegurarnos de obtener alguna ganancia emocional de lo que vemos en pantalla. En este panorama, el star system, esencial para la existencia de una verdadera industria, comienza a tambalear.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Italia, donde se estrenó la película Buen camino, protagonizada y escrita por Checco Zalone, una figura hiperpopular del audiovisual italiano. Este film, que narra la historia de un hombre inmaduro y millonario que acompaña a su hija en el Camino de Santiago, recaudó 53 millones de euros. En el top ten italiano también figuran títulos como Madly, de Paolo Genovese (21 millones), y Diamonds, de Ferzan Ozpetek (19 millones). Lo interesante es que todas estas películas han superado a grandes producciones de Hollywood. ¿La clave del éxito? Estrellas locales. No se trata de fantásticas secuelas o efectos especiales; lo que conecta con el público son las historias y personajes que resuenan con su realidad.

En Argentina, la situación presenta un panorama similar pero con sus propios desafíos. Las dos películas locales más vistas son Homo Argentum y Mazel Tov, que acumulan casi dos millones y 400.000 espectadores respectivamente. Ambas cuentan con la presencia de Guillermo Francella y Adrián Suar, actores que, a pesar de no ofrecer historias de fantasía, logran atraer al público a través de sus personajes. Aún así, su éxito se debe en gran medida a la fuerza de sus nombres. A medida que la audiencia busca identificarse con los personajes, la figura del actor se vuelve crucial.

La realidad es que las estrellas son una garantía al momento de vender una película. Sin Robert Downey Jr., quien en su momento fue una estrella en busca de redención, no habría existido el fenómeno de Iron Man ni el posterior universo de Marvel. En el ámbito económico, una estrella puede atraer a espectadores solo con su nombre. Sin embargo, hoy en día, el cine no solo necesita estrellas, sino que depende de ellas para mantenerse a flote. La pregunta que surge es: ¿qué nombres pueden hacer por el cine argentino lo que Checco Zalone ha logrado en Italia?

En Argentina, la oferta es limitada. ¿Quiénes son los grandes nombres que pueden atraer al público masivo? Ricardo Darín y Francella parecen ser los únicos que aún cuentan con el poder de convocatoria necesario. Sin embargo, la escasez de figuras relevantes, especialmente femeninas, plantea un problema. En un contexto donde la televisión solía nutrir el star system, hoy esa estrategia se muestra ineficaz.

Un fenómeno que merece atención es la ausencia de nuevas estrellas. Al final de cuentas, el público necesita que sus ídolos representen sus deseos y temores, además de funcionar como un puente hacia mundos fuera de la dura cotidianidad. Como el académico Edgar Morin señaló en su libro Las estrellas de cine, el star system argentino ha perdido fuerza y visibilidad. ¿Dónde están las nuevas voces que puedan atraer al público de una manera similar a los íconos del pasado? Sin un desarrollo en este sentido, el cine argentino encontrará dificultades para crecer, sobre todo en un contexto donde las franquicias y las grandes producciones dominan el panorama.

Por último, aunque algunos géneros, como el terror, tienen un público fiel, la combinación de nombres atractivos con buenas historias es lo que realmente puede impulsar el interés. La comedia, los thrillers, y cualquier gran narrativa se benefician de contar con figuras carismáticas que, al final del día, son las que logran que el público compre una entrada. Sin estrellas que brillen en la pantalla, el cine argentino podría enfrentar un futuro incierto.

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