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Por Victoria Ginzberg
El 11 de octubre de 1978, un operativo militar estremeció a Floresta. A las 2 de la tarde, miembros del Ejército, la policía, la Gendarmería y el Servicio Penitenciario secuestraron a Lucila Revora, quien estaba embarazada de ocho meses, y fusilaron a Carlos Guillermo Fassano. Su hijo, Eduardo de Pedro, que tenía un año y ocho meses, fue dejado con los vecinos. Esa misma noche, hombres que bajaron de un Falcon se presentaron como sus tíos y se lo llevaron. Tres meses después, la familia Revora recuperó a Eduardo gracias a un comerciante de Mercedes que contactó al entonces comandante del primer Cuerpo del Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason.
En diciembre de 1998, el abogado del dictador Emilio Eduardo Massera intentó usar el caso de Emiliano Hueravilo, un joven nacido en la ESMA y recuperado por sus abuelos, como argumento para sostener que la apropiación de menores durante la dictadura no obedecía a un plan. Sin embargo, las maternidades clandestinas, las listas de familias que buscaban a los niños y más de 200 denuncias contradicen esta afirmación.
Eduardo de Pedro, conocido como Wado, tiene ahora 23 años y reparte su tiempo entre la agrupación HIJOS, su trabajo en el sindicato de empleados judiciales y las primeras materias de la carrera de Derecho. Criado por su tía Estela, su padre, Enrique de Pedro, fue asesinado en abril de 1977. Wado es claro: su caso "no exime de culpa" a Suárez Mason, sino que prueba que "los jefes militares saben dónde están" los chicos desaparecidos. "Independientemente de la decisión política del Gobierno, la Justicia tiene que guiar la investigación para encontrar a nuestros hermanos", afirma con firmeza. Aunque está contento por la prisión de Pajarito, sostiene que no es suficiente: "Los HIJOS, junto con las Abuelas, vamos a insistir hasta recuperar a los bebés apropiados hasta las últimas consecuencias. Queremos restitución y castigo", repite para que no queden dudas.
El operativo en Floresta duró más de una hora e incluyó bombas y un helicóptero. Los militares habían arrancado a un detenido en la tortura que allí había 150 mil dólares. Según un ex gendarme, los miembros de la patota se pelearon por el botín, llegando al extremo de lanzar una granada que resultó en la muerte de uno y heridas a otros dos represores.
Carlos Guillermo Fassano, el padre del niño que Lucila llevaba en su vientre, fue fusilado y su cuerpo fue quemado en el lugar. Lucila, a sus 24 años, fue llevada al centro clandestino El Olimpo. Algunas versiones indican que fue asesinada allí, mientras que el capitán de fragata Carlos de Bento aseguró que fue arrojada al mar en uno de los llamados "vuelos de la muerte". Esto implicaría que, si bien fue secuestrada, pudo haber sobrevivido y dado a luz.
Osvaldo Acosta, un ex detenido, recordó que en octubre de 1978, los represores de El Olimpo discutían acaloradamente porque el dinero de la casa de Floresta no aparecía. Como abogado, Acosta fue encomendado por el prefecto Cortez para iniciar un sumario, lo que lo colocó en la curiosa situación de interrogar a sus secuestradores. "Cortez, en agradecimiento, me regaló chocolatines", recordó en el Juicio a las Juntas.
Los Revora, que residen en Mercedes, se enteraron del operativo del 11 de octubre días después, cuando una compañera de Lucila los contactó. Desde ese momento, comenzaron la búsqueda de Wado. Carlos Revora, hermano de Lucila, encontró un comerciante que tenía conexión con Suárez Mason. Este hombre solicitó cuatro audiencias antes de ser atendido, y al salir, aseguró que "el tema está solucionado".
Pocos días después, el 13 de enero de 1979, Wado fue entregado al cura párroco de la catedral de Mercedes, quien lo devolvió a sus tíos. Ni él ni su familia saben dónde estuvo durante esos tres meses, pero Suárez Mason sí. "Y tiene que saber dónde están muchos chicos apropiados", afirma Wado con determinación.
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