¡Descubre el insólito error de pago con tarjeta que puede vaciar tu cuenta en segundos!

El Banco de España ha estado advirtiendo desde hace años sobre el aumento del crédito al consumo y el uso intensivo de tarjetas de pago aplazado. Este fenómeno, cuando se aplica a la cesta de la compra, puede representar un riesgo considerable para el bolsillo de los consumidores. En un contexto donde el gasto medio mensual en alimentación alcanzó los 412,10 € por hogar en 2024 (INE), la forma en que se paga puede ser tan crucial como la compra misma.

Expertos en educación financiera han señalado que usar la tarjeta de crédito para compras pequeñas y recurrentes —como los 35 € de una reposición rápida o los 96 € de la compra semanal— distorsiona la percepción del gasto real. De esta manera, lo que parece manejable puede transformarse en un saldo acumulado que las familias no notan hasta que llega el fin de mes.

Una cifra que inquieta a los reguladores es que el interés medio de las tarjetas revolving superó el 21,17 % TAE en España en 2024, según el Banco de España. Este dato es la puerta de entrada a una espiral de deudas que los especialistas instan a evitar. Por ejemplo, cada compra de 50 € en el supermercado, si se difiere o se paga parcialmente, puede transformarse en 61 € o más, dependiendo de la modalidad contratada y el retraso en la amortización.

Índice
  1. Por qué pagar el súper con crédito dispara tu deuda
    1. La mecánica que te atrapa sin darte cuenta
    2. ¿Y qué hacer entonces?
  2. Un aviso que llega en el momento justo

Por qué pagar el súper con crédito dispara tu deuda

La psicología del consumo juega un papel fundamental en este fenómeno. Al pagar con tarjeta, nuestro cerebro no registra el impacto inmediato del gasto. Esto contrasta con la experiencia de entregar billetes en efectivo, donde hay una sensación tangible de pérdida. Por lo tanto, los especialistas sugieren reservar la tarjeta de crédito para bienes duraderos —como electrodomésticos, muebles o reparaciones— y no para gastos variables que se repiten varias veces al mes.

Un economista del Consejo General de Economistas resumió este problema en un documento de marzo de 2024: “La compra del supermercado, por su recurrencia, no debe financiarse; no es una inversión, es un consumo básico que, si se aplaza, erosiona el saldo disponible del mes siguiente”.

La mecánica que te atrapa sin darte cuenta

  • Cada pago aplazado genera intereses diarios, no mensuales.
  • Las cuotas fijas reducen muy poco el capital, haciendo que una parte relevante del gasto se vuelva a computar el mes siguiente.
  • Dado que son importes pequeños, el consumidor tiende a pensar que “ya lo pagará”, acumulando varios tickets en el mismo ciclo de facturación.

En cifras concretas: una familia que gasta 400 € al mes en alimentación y financia solo la mitad de ese gasto a un 21 % TAE podría pagar entre 42 € y 55 € adicionales al año solo por este hábito. En un contexto de inflación alimentaria del 6,1 % anual, esta cantidad puede marcar la diferencia entre llegar o no a fin de mes.

El supermercado no es el problema; el verdadero desafío radica en la forma de pagarlo. Desde 2022, el ticket medio en España ha aumentado un 12 % (INE). Hoy en día, un carro básico para cuatro personas, sin lujos, se sitúa entre 85 € y 110 €. En un día cualquiera, con la presión del tiempo y la distracción del móvil, es fácil recurrir nuevamente a la tarjeta de crédito.

No obstante, los expertos insisten en una regla simple: si un gasto va a repetirse cada mes, no debe financiarse. “Las tarjetas de crédito están diseñadas para compras extraordinarias, no para sostener la cesta de la compra”, señala la CNMV en una guía de 2023.

¿Y qué hacer entonces?

Los analistas proponen una estrategia en tres pasos que, si se aplica semanalmente, puede prevenir el problema sin grandes sacrificios:

  • Planificar antes de salir de casa: revisar despensa, apuntar necesidades reales y evitar compras duplicadas.
  • Llevar importe en metálico: la fricción psicológica ayuda a moderar gastos y evita caer en el “ya lo pagaré”.
  • Separar la cuenta del súper: usar una tarjeta de débito exclusiva o un bolsillo digital con un presupuesto cerrado.

Este último método es cada vez más popular entre familias jóvenes, ya que permite que el gasto máximo sea visible desde el primer día del mes. Si se cargan 200 € para alimentación, cada compra reduce ese saldo, lo que evita sorpresas a final de mes.

Un aviso que llega en el momento justo

El contexto económico es complicado. La inflación alimentaria sigue presionando a los hogares, mientras los bancos mantienen los intereses del crédito al consumo en niveles altos a pesar de la moderación del euríbor. En este escenario, pagar el supermercado con una tarjeta de crédito se asemeja a abrir un pequeño agujero en la hucha cada semana.

Y es un agujero que pasa desapercibido. El gesto de acercar la tarjeta al terminal, escuchar el “pip” y guardar el ticket puede parecer inofensivo. Sin embargo, al llegar el extracto bancario, muchas familias descubren que una parte significativa de su ingreso mensual se ha esfumado en compras pequeñas financiadas en silencio.

Por esta razón, los expertos subrayan la importancia de reservar la tarjeta de crédito para gastos puntuales y prever lo inevitable. De lo contrario, el supermercado, ese lugar cotidiano al que acudimos varias veces por semana, puede convertirse en la raíz de una deuda que tardará meses en saldarse.

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