¡Descubre el secreto que los investigadores han encontrado para frenar la pérdida de grasa: ¡podrías estar desperdiciando tu esfuerzo!

Un equipo de investigadores de la Universidad de California ha realizado un descubrimiento significativo sobre el papel que desempeña el sistema inmunológico en la regulación de la pérdida de grasa, especialmente en situaciones de estrés metabólico como el ayuno o la exposición al frío. Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Nature, podría abrir nuevas oportunidades en el tratamiento de la obesidad.

El estudio se centró en el tejido adiposo blanco, que es el tipo de grasa que almacena energía en el cuerpo. Este tejido es crucial para el equilibrio energético, ya que libera energía en momentos de alta demanda. Sin embargo, los mecanismos que intervienen en la regulación de la pérdida de grasa durante situaciones críticas habían permanecido en la sombra hasta ahora.

Tradicionalmente, se ha asociado al sistema inmunológico únicamente con la defensa contra infecciones. Sin embargo, la investigación demuestra que los neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco, también tienen un impacto significativo en la grasa corporal, actuando como "guardianes internos" que protegen las reservas energéticas del organismo. Es como si estos neutrófilos estuvieran vigilando constantemente el nivel de grasa para evitar que el cuerpo agote toda su energía almacenada en momentos de adversidad.

Cuando el cuerpo se expone a estímulos como el frío, se produce una rápida infiltración de neutrófilos en el tejido adiposo visceral, que rodea los órganos vitales. Para que esta respuesta ocurra, es fundamental que se activen simultáneamente dos procesos: la lipólisis (la descomposición de la grasa) y la vía p38 MAPK en los adipocitos, que es estimulada por la secreción de leucotrieno B4.

Una vez que los neutrófilos están dentro del tejido adiposo, liberan una molécula señalizadora llamada IL-1β, que suprime la lipólisis y ralentiza la quema de grasa. Esto proporciona una protección adicional a las reservas energéticas del cuerpo en momentos de estrés. Para probar cómo funciona este sistema, los científicos realizaron experimentos en ratones, eliminando los neutrófilos o bloqueando la producción de IL-1β. Los resultados mostraron que, ante la estimulación repetida del sistema nervioso simpático, la masa grasa se reducía de manera notable y la lipólisis se intensificaba, lo que sugiere que sin este "freno" inmunológico, el cuerpo utiliza sus reservas de energía mucho más rápidamente.

Los investigadores no se detuvieron allí. Para explorar si este mecanismo también se manifiesta en humanos, analizaron datos genéticos y encontraron que en personas con obesidad, los genes relacionados con esta vía inmunometabólica exhiben una mayor actividad. Esto sugiere un vínculo entre el sistema inmunológico y el tejido adiposo que podría estar relacionado con la fisiología de la obesidad y otros trastornos metabólicos.

Desde una perspectiva evolutiva, este mecanismo de conservación de grasa probablemente fue vital para la supervivencia de nuestros antepasados. En tiempos de escasez alimentaria o condiciones climáticas extremas, la capacidad de conservar energía era crucial para afrontar adversidades. Ahora, este descubrimiento redefine el papel del sistema inmunológico, mostrando que no solo es fundamental para combatir infecciones, sino también para mantener el equilibrio energético.

El equipo de la Universidad de California enfatiza que estos hallazgos revelan una asociación fisiológica inesperada entre las células grasas y las células inmunitarias, lo que abre un nuevo campo de investigación médica. Comprender cómo los neutrófilos y la IL-1β regulan la pérdida de grasa podría ser clave para diseñar terapias innovadoras contra la obesidad y el síndrome metabólico. Manipular esta vía podría ofrecer nuevas oportunidades para abordar los desafíos actuales en trastornos metabólicos.

Te puede interesar:

Subir