¡Descubre por qué la violencia de género en México se disparó un 30% en diciembre! ¿Qué está pasando?

Es un hecho conocido que diciembre, aunque sea un mes de celebraciones, también se convierte en un periodo de mayor riesgo para muchas mujeres y niñas. En México, este mes no solo trae consigo la alegría de las fiestas, sino un aumento significativo en las agresiones. El informe “Guadalupe Reyes… del acoso”, publicado por la organización Ola Violeta, revela que durante las celebraciones de fin de año se concentran varios factores de riesgo que propician la violencia.
Entre esos factores se encuentran la mayor exposición a agresores, la disminución de redes de apoyo, el consumo excesivo de alcohol y la presión social que lleva a muchas mujeres a tolerar el acoso para no “romper” la convivencia. Este contexto resulta en un alarmante aumento de las violencias, muchas de las cuales permanecen ocultas. Según el informe, la probabilidad de agresión física contra las mujeres es seis veces mayor cuando la pareja consume alcohol, y el riesgo de violencia severa se incrementa hasta 3.5 veces en hogares donde el consumo es elevado. En cuanto a las infancias, se estima que el riesgo de abuso sexual puede aumentar hasta un 40% durante estas fechas, especialmente en contextos de convivencia prolongada y supervisión reducida.
Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios (RNR), señala que la violencia contra las mujeres es un problema estructural que se agudiza en diciembre, impulsado por la presión económica, la sobrecarga emocional y la convivencia forzada. La RNR también destaca que durante este período se incrementan particularmente la violencia emocional y económica, formas de control que suelen preceder o acompañar agresiones físicas y sexuales.
El impacto de esta violencia no se limita al ámbito doméstico. En el mundo laboral, las celebraciones de diciembre reproducen dinámicas de poder desiguales, donde comentarios sexuales, invasiones al cuerpo y hostigamiento se minimizan bajo el argumento del alcohol o la “confianza”. Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), el 27.9% de las mujeres de 15 años o más ha sufrido violencia en el trabajo, y al menos el 15.1% de esa violencia ha sido física o sexual. A nivel internacional, datos de agencias de la Unión Europea indican que el 31% de las mujeres trabajadoras ha experimentado acoso sexual, cifra que asciende al 42% entre mujeres jóvenes.
En el ámbito familiar se presenta uno de los escenarios más alarmantes. Casi siete de cada diez mujeres que sufrieron violencia sexual en su infancia identifican a un familiar como agresor. Las reuniones de fin de año crean condiciones propicias para el abuso, mientras persisten prácticas socialmente normalizadas, como obligar a niños y niñas a saludar de beso o tolerar contactos incómodos.
A este panorama se suma la violencia digital. En 2024, 10.6 millones de mujeres fueron víctimas de ciberacoso en México, según el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) del INEGI. La hiperconectividad de las fiestas amplifica agresiones como amenazas, hostigamiento, suplantación de identidad y difusión no consentida de contenidos íntimos.
El 10 de diciembre concluyeron los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, que este año se centraron en la violencia digital. En ese marco, el Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (Mesecvi) lanzó la Ley Modelo Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Digital contra las Mujeres Basada en Género, un instrumento que reconoce que la digitalización de la vida pública y privada ha ampliado el alcance, la frecuencia y la gravedad de las violencias basadas en género.
Diciembre no detiene la violencia; por el contrario, la empuja a espacios donde suele justificarse en nombre de la convivencia, la tradición o el alcohol. Mientras no se reconozca que este mes implica riesgos específicos para mujeres, niñas y adolescentes, las agresiones seguirán ocurriendo en silencio. Los datos no reflejan una excepción, sino un patrón que exige prevención, atención y respuestas reales.
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