Descubren el horror: Papá pasó la Navidad con el cuerpo de su esposa en el sofá y sus hijos sin saberlo. ¿Qué pasó?

Za’Zell Preston, una joven de 26 años, se encontraba en la ciudad de Anaheim, California, preparándose para celebrar la Navidad junto a su esposo, William Wallace, de 30 años, y sus tres hijos, uno de los cuales había nacido solo siete meses antes. A pesar de haber sido víctima de violencia de género durante años y de haber soportado amenazas de muerte por parte de su pareja, la mujer parecía resignada a convivir con un marido maltratador, sin imaginar el trágico desenlace que la aguardaba.

En diciembre de 2011, el departamento donde la familia vivía estaba listo para la Nochebuena. Los antecedentes de violencia eran alarmantes: en 2008, Wallace había sido encarcelado durante 45 días por maltratar a Za’Zell, luego de lo cual, quedó en libertad condicional y obligado a asistir a un programa de rehabilitación. A pesar de solicitar una restricción de acercamiento, Za’Zell lo perdonó tras su salida de prisión, convencida de que su pareja había cambiado, especialmente después de enterarse de su embarazo.

Sin embargo, la realidad fue muy diferente. En julio de 2011, Wallace fue liberado y el ciclo de violencia se reanudó. A pesar de su deseo de poner fin a la relación, la mañana de Navidad de aquel año, Wallace llamó al 911, alegando que Za’Zell “se había desmayado”. Cuando los médicos llegaron, encontraron un escenario devastador: manchas de sangre por toda la casa, agujeros en las paredes y una puerta arrancada de sus bisagras.

La escena se tornó aún más escalofriante cuando los médicos descubrieron que los tres hijos de la pareja estaban jugando con los regalos de Navidad en ese ambiente caótico. Wallace, tras haber asistido a una fiesta de Nochebuena, había mantenido una violenta discusión con Za’Zell que culminó en su asesinato, en un acto de brutalidad que se extendió por distintos espacios de la casa.

Lo más macabro del caso fue el comportamiento de Wallace tras el crimen. Decidió sentar el cuerpo de su esposa muerta en un sofá, colocando unos anteojos de sol sobre su rostro, y les dijo a sus hijos que “mamá se emborrachó y arruinó la Navidad”. Además, los animó a abrir sus regalos frente al cadáver y grabó la escena con su celular, mostrando una frialdad escalofriante.

Finalmente, Wallace fue arrestado y acusado de femicidio. La naturaleza de su crimen y la insensibilidad con la que trató el cuerpo de su esposa han generado una fuerte conmoción en la comunidad, simbolizando un trágico recordatorio de los peligros que enfrentan muchas mujeres en situaciones de violencia de género.

Este caso pone en evidencia la necesidad de abordar urgentemente la problemática de la violencia de género en todas sus formas. En Argentina, el tema ha cobrado gran relevancia en los últimos años, con numerosas campañas y movimientos sociales que buscan visibilizar la lucha contra esta problemática. Sin embargo, la historia de Za’Zell es un triste recordatorio de que aún queda mucho por hacer para garantizar la seguridad y el bienestar de las mujeres en situaciones vulnerables.

La condena a cadena perpetua que recibió Wallace es, en cierto modo, un consuelo para quienes abogan por la justicia en casos de femicidio, pero también destaca la urgencia de implementar políticas efectivas que prevengan la violencia y protejan a las víctimas. La historia de Za’Zell nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de la protección y la justicia, y sobre la importancia de no permanecer en silencio ante situaciones de abuso.

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