¡Descubrí el secreto que 7 de cada 10 docentes ocultan para salvar la salud mental de sus alumnos!

Madrid (EFE).- La figura del docente es crucial para detectar la situación vital de los estudiantes, aunque su responsabilidad no incluye diagnosticar ni tratar, sino identificar, acompañar y derivar a los servicios especializados en colaboración con las familias. Esta es una de las principales conclusiones del ‘Vademécum salud mental y bienestar emocional en la escuela’, elaborado por un equipo de psicólogos y especialistas, dirigido por Javier Urra, doctor en Psicología y Ciencias de la Salud y exdefensor del menor. La guía responde a 115 preguntas y está diseñada para orientar a los docentes sobre cómo enfrentar trastornos que pueden surgir en el alumnado, como el acoso escolar, las autolesiones o incluso las ideas suicidas.
Este ‘Vademécum’ proporciona a los docentes herramientas para actuar y, sobre todo, para detectar problemas a tiempo. Urra enfatiza que el rol del docente es fundamental para identificar señales que pueden estar detrás de casos de ansiedad, trastornos de pánico, depresión, problemas de conducta alimentaria y autolesiones. En este contexto, es importante resaltar que los problemas de salud mental en los estudiantes son cada vez más preocupantes.
Urra muestra su inquietud por el aumento significativo de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), que están íntimamente relacionados con la presión social y las expectativas estéticas impuestas por las redes sociales. Esto ha generado un impacto negativo en la autoestima de los jóvenes, llevando a una exigencia extrema en su apariencia. Además, señala que la ansiedad en el alumnado es elevada, causada por la presión académica y el miedo a no encajar en grupos sociales. La depresión, por su parte, alcanza cifras alarmantes y muchas veces se disimula detrás de cambios de conducta, irritabilidad y aislamiento.
Es alarmante considerar que el suicidio es la segunda causa de muerte no natural entre jóvenes de 15 a 25 años. Urra comenta que los problemas emocionales se manifiestan de manera diferente en la niñez y la adolescencia. Por ejemplo, entre los 6 y 12 años, los sentimientos suelen expresarse a través de rabietas, lloros frecuentes y agresividad, mientras que entre los 12 y 18 años, predominan la tristeza persistente, la apatía y la desesperanza.
¿Cómo detectar malestar en el alumno?
El bajo rendimiento escolar puede ser un claro indicador de problemas emocionales subyacentes, ya que estos afectan la concentración, la motivación y la asistencia a clases. Cambios en el estado de ánimo, como una tristeza persistente, expresiones como "no valgo para nada" y cambios bruscos de humor son señales a tener en cuenta. Otros indicadores incluyen dificultades académicas repentinas, conductas solitarias, alteraciones físicas en el sueño o el peso, y quejas de dolores de cabeza y estómago sin causas médicas.
Urra destaca que el profesorado, como observador diario, puede detectar estas señales de alerta, pero enfatiza que su función es derivar al alumno hacia los profesionales especializados, siempre comunicando a las familias, y no intervenir directamente. "El rol del profesor es ofrecer contención, acompañamiento y un espacio de escucha segura, pero debe reconocer los límites de su papel", señala la guía.
Observar patrones de comportamiento y acercarse al alumno con empatía, preguntando cómo se sienten de manera privada y sin presión, fomenta la confianza y permite trabajar en conjunto con el equipo educativo y las familias para ofrecer una respuesta integral.
El entorno escolar: factor de protección o de riesgo
La escuela se convierte en un espacio fundamental donde los estudiantes descubren su identidad y socializan. La diferencia entre un clima emocional positivo y respetuoso, y un entorno hostil que genera ansiedad y comparaciones, resulta crucial. Una actitud positiva del profesorado y un ambiente que promueva la diversidad y la inclusión son esenciales para la salud mental de los alumnos.
Los docentes pueden crear un ambiente de aula que fomente la salud mental positiva, promoviendo el respeto mutuo y estableciendo normas de convivencia claras. Es fundamental animar a los estudiantes a hablar sobre sus emociones sin temor al juicio, así como evitar la sobrecarga de tareas académicas. La guía también recomienda incorporar actividades sobre resolución de conflictos, empatía y autocontrol, y reforzar los logros, por pequeños que sean.
Este vademécum responde a muchas preguntas relevantes, como por qué se produce el acoso escolar en las aulas, qué tipo de apoyo psicológico necesitan tanto la víctima como el agresor y cómo intervenir ante situaciones de suicidio o malos tratos en el hogar. También se aborda el problema de las adicciones, ya sean a sustancias, al juego o a las pantallas, así como la identidad sexual y las pautas familiares que pueden desestabilizar emocionalmente al alumno.
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