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El inicio de 2026 trae consigo un renovado deseo de muchos argentinos por mejorar su estado físico y llevar una vida más activa. Sin embargo, la experiencia nos dice que los objetivos excesivamente ambiciosos suelen desvanecerse con el paso de las semanas. En este contexto, expertos en salud plantean un enfoque distinto que prioriza la constancia sobre la intensidad, proponiendo un método basado en micromovimientos diarios.

Índice
  1. El problema del sedentarismo
  2. Las claves para incorporar el ejercicio a la rutina diaria

El problema del sedentarismo

Los médicos rehabilitadores advierten que el sedentarismo se ha convertido en un problema estructural en Argentina. Alrededor del 80 por ciento de la población no alcanza las recomendaciones mínimas de actividad física establecidas por la Organización Mundial de la Salud. Esta situación se ve exacerbada por prolongadas jornadas laborales frente a pantallas, el estrés constante y rutinas dominadas por el uso de dispositivos móviles o la televisión, consolidando un estilo de vida de bajo movimiento.

Ante este panorama, los especialistas sostienen que no es necesario comenzar con planes de entrenamiento intensos. Más bien, se sugiere incorporar movimientos simples pero repetidos de forma regular, lo que puede tener un impacto significativo en la salud y el bienestar general.

Las claves para incorporar el ejercicio a la rutina diaria

Levantarse con frecuencia mientras se trabaja sentado, caminar en trayectos cortos, optar por las escaleras en lugar del ascensor o acelerar ligeramente el ritmo de las tareas domésticas son algunas de las acciones accesibles que pueden elevar el nivel de actividad diaria. Estos gestos modestos, sostenidos en el tiempo, no solo favorecen el aumento de la movilidad, sino que también fortalecen la musculatura, mejoran la salud cardiovascular y ayudan a preservar la autonomía funcional.

Para aquellos que deciden integrar el ejercicio físico a su vida, es importante entender la diferencia entre actividad física y ejercicio. La actividad física incluye cualquier movimiento que implique un gasto energético, como caminar o realizar tareas del hogar. En cambio, el ejercicio es una práctica estructurada con objetivos específicos, como mejorar la resistencia, la fuerza o la flexibilidad. La combinación equilibrada de ambas dimensiones se presenta como la alternativa más efectiva para cuidar la salud.

Para mantener la motivación a lo largo del tiempo, los rehabilitadores proponen un esquema claro de progresión: tres días generan motivación, tres semanas consolidan un hábito y a los tres meses comienzan a percibirse resultados. Este enfoque evidencia que el cambio depende principalmente de la regularidad y no de la intensidad inicial. Incluso aquellas personas que han llevado una vida muy sedentaria pueden experimentar beneficios significativos si mantienen este patrón.

Incorporar el ejercicio a la rutina del 2026 es, sin duda, clave para mejorar el bienestar general. A través de pequeños cambios en el día a día, es posible revertir los efectos del sedentarismo y acercarse a un estilo de vida más saludable.

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