¡Impactante! ¿Sabías que una devaluación del 45% en Irán desató protestas? Los precios te dejarán sin aliento. ¿Qué viene ahora?

Las recientes protestas en Irán no fueron provocadas por agitadores extremistas, defensores de derechos humanos ni ciudadanos cansados de un sistema opresor. Por primera vez, el descontento que sacudió a Teherán comenzó con pequeños comerciantes y dueños de negocios, quienes salieron a las calles por el desespero ante una economía en crisis.

La situación se ha vuelto insostenible para muchos iraníes, quienes enfrentan una moneda, el rial, que ha perdido un 45% de su valor, según datos de Bloomberg. La desesperación de estos comerciantes se tradujo en un aumento de precios que ha dejado a la mayoría de la población sin capacidad para adquirir alimentos básicos, lo que ha desencadenado un movimiento de protesta que pone en jaque al régimen teocrático que gobierna el país desde 1979.

La crisis alimentaria y la inflación descontrolada

El crecimiento de los precios de productos alimentarios, que deben ser importados, es alarmante. El Fondo Monetario Internacional (FMI) reporta que la inflación en Irán promedió un 42% en 2025, acelerándose desde el 33% del año anterior. Esta crisis no es solo el resultado de políticas económicas fallidas, sino también de un contexto de sequía que ha afectado la producción agrícola local.

Irán, a pesar de ser un país rico en recursos petroleros, nunca logró diversificar su economía. La dependencia de las importaciones para alimentos básicos como el aceite y el trigo incrementó su vulnerabilidad. Con el rial en caída libre, el costo de estas importaciones se disparó, lo que ha llevado a muchos a no poder pagar lo necesario para alimentarse.

El contexto se complica aún más debido a años de sanciones económicas impuestas a Irán, que han forzado al país a vender su petróleo a precios muy por debajo del mercado. Actualmente, el Brent se ha hundido un 18% en 2025, cotizando a unos 60 dólares el barril, mientras que Irán necesita que el precio alcance los 165 dólares para cubrir su presupuesto. Sin embargo, se estima que el país vende su producción a unos 45 dólares, lo que agrava aún más su situación económica.

A pesar de estas dificultades, Irán sigue siendo un jugador relevante en la industria petrolera, ocupando el cuarto lugar en la OPEC con una participación del 12% y una producción de aproximadamente 3,3 millones de barriles diarios. Sin embargo, la lucha por la supervivencia alimentaria de su población se intensifica, haciendo que el descontento social se convierta en un potencial punto de inflexión.

La indignación sigue latente. Aunque las protestas hayan sido acalladas tras una represión violenta, el descontento económico puede ser un factor que despierte nuevamente la movilización social. Si no hay alimentos para comer, la pregunta que queda es cuánto tiempo podrá soportar la población esta situación desesperante.

En conclusión, lo que vemos en Irán no es solo un episodio aislado de descontento, sino el reflejo de una crisis económica profunda que, de no ser atendida, podría llevar a un cambio significativo en la estructura política del país. La combinación de inflación galopante, dependencia de importaciones y sanciones económicas plantea un desafío monumental tanto para el régimen como para los ciudadanos que buscan desesperadamente soluciones a su situación crítica.

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