¡Increíble! El 80% de las sedaciones en ancianos son injustificadas: ¿estás seguro de que tu ser querido está protegido?

La geriatría en la encrucijada: ¿estamos ignorando a nuestros mayores?

El doctor Miguel Ángel Vázquez, miembro del comité ético y científico del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, ha encendido una alerta sobre el uso de la sedación en personas mayores que atraviesan cuadros complejos en los hospitales. “Hay que denunciar la situación de desprotección y vulnerabilidad específica que tienen las personas mayores por la falta de geriatras y por los criterios de eficiencia. Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más”, sostiene Vázquez, quien ha dedicado su vida a la geriatría, una especialidad que, aunque reconocida oficialmente desde 1978, aún no ha alcanzado la atención que merece en el sistema sanitario.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 21% de la población argentina supera los 65 años, y un 6,1% supera los 80. De acuerdo con proyecciones, se estima que para 2050, el 30% de la población será mayor de 65 años. Ante este progresivo envejecimiento, surge la pregunta: ¿estamos preparados para atender a nuestros mayores adecuadamente?

La geriatría debería ser la medicina del futuro, pero Vázquez señala que la realidad es más compleja. “La pandemia del COVID-19 expuso una gran indiferencia hacia el bienestar de las personas mayores”, indica. Si bien las proyecciones actuales son optimistas en cuanto a la longevidad, el sistema de salud aún no ha logrado adaptarse a estas nuevas necesidades. “Si en lugar de 163.000 personas mayores, hubieran muerto 1.000 niños, el clamor social sería distinto. La vida de los mayores no parece preocupar a la sociedad”, reflexiona.

Definir qué significa ser una persona mayor es crucial en el ámbito de la atención médica. Vázquez aclara que se distingue entre una “persona mayor” y un “paciente geriátrico”. Mientras que una persona mayor en el mundo desarrollado se considera desde los 65 años, el “paciente geriátrico” suele ser alguien de 80 años o más, con múltiples enfermedades que interactúan entre sí. “Esto no solo involucra un problema de salud, sino también un dilema social, ya que muchas veces estos pacientes carecen de apoyo familiar adecuado”, explica.

La pandemia acentuó la vulnerabilidad de este grupo etario. Las consultas telefónicas, impuestas por el contexto, han complicado aún más la comunicación y el acceso a la atención médica. “El sistema digital ha generado una situación comparable al analfabetismo funcional”, afirma Vázquez, quien advierte que esto puede llevar a decisiones críticas erróneas en el tratamiento. “En muchos casos, el médico de urgencias, frente a la presión asistencial, opta por la sedación como solución, cuando en más del 80% de las situaciones no es la opción correcta”, denuncia.

“Una persona con demencia puede vivir bien y disfrutar de la vida cada día: puede sentir emociones, reír, cantar o bailar. No tener memoria limita, pero no significa que no se pueda seguir viviendo”

Esta reflexión es clave, especialmente cuando se considera que el rol de los mayores en la sociedad va más allá de ser meros receptores de cuidados. “La sociedad debe replantearse qué espera de las personas mayores. No deben ser consideradas solo como un gasto en salud o pensiones”, plantea Vázquez. “Son ciudadanos de plena dignidad, con derechos que deben ser respetados, incluyendo decisiones sobre su propio cuidado”, agrega.

En un contexto donde la presión económica afecta las decisiones médicas, Vázquez insta a un cambio de paradigma. “Necesitamos replantear los triajes en urgencias y asegurar la presencia de geriatras en estos servicios”, propone, insistiendo en que siempre hay algo que se puede hacer por un paciente, ya sea de manera preventiva, curativa o paliativa.

Finalmente, toca también el tema de la formación de los médicos. “La selección de profesionales debe considerar no solo la capacidad técnica, sino también las habilidades humanas necesarias para tratar a personas mayores. La empatía y la comprensión de su situación son esenciales”, concluye Vázquez.

La geriatría enfrenta un desafío monumental: lograr que la atención hacia nuestros mayores sea una prioridad en un sistema de salud que, a menudo, se siente abrumado por la eficiencia y los costes. Es tiempo de actuar, para garantizar que todos, sin importar la edad, tengan la oportunidad de vivir sus días con dignidad y calidad.

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