La tormenta económica se avecina: ¿podrá el nuevo líder salvar a 45 millones de argentinos? Descubre el hechizo que podría cambiarlo todo.

La reciente elección de Javier Milei como presidente de Argentina ha generado un profundo debate sobre el futuro político y económico del país. En palabras de un observador, “Gobernar después de Milei será mucho fácil para cualquiera que le toque hacerlo”. Esta afirmación refleja un cambio drástico en el horizonte político y las expectativas que los argentinos tienen hacia el futuro, tras años de inestabilidad.

Uno de los cambios más significativos que se anticipa bajo su administración es la disminución de los piquetes, esos bloqueos que han caracterizado la protesta social en los últimos años. Se recuerda que estos cortes de avenidas, rutas y autopistas contribuyeron a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, tambalearon el de Mauricio Macri y generaron tensiones en el mandato de Alberto Fernández. La promesa de Milei parece ser una respuesta directa a esta problemática, buscando establecer un clima de gobernabilidad más estable.

Otro aspecto crucial es la cuestión del déficit fiscal. Según se ha indicado, no habría déficit fiscal y se establecería por ley que todo nuevo gasto público necesitaría su contrapartida en impuestos, lo que a su vez inhibiría ciertas demandas sociales que históricamente han puesto a los gobiernos en una compleja encrucijada. La administración pública, bajo Milei, podría experimentar una “disciplinación” tras purgas en el sector estatal, lo que sin duda generará un debate sobre la ética y la sustentabilidad de tales medidas.

En términos económicos, se espera que, tras una serie de recesiones, la inflación se controle o esté en camino de ser controlada, lo que a su vez permitiría una reaparición del crédito para los consumidores. Este es un factor vital, ya que el acceso al crédito ha sido un indicador clave de la salud económica en Argentina. Además, la renovación de la deuda pública se habría normalizado, a medida que el riesgo país desciende, una tendencia que se recuerda desde 2017, cuando Macri logró reducirlo a 300 puntos básicos.

La comparación con líderes anteriores es inevitable. Milei podría ser visto como un gran Remes Lenicov, quien asumió el ministerio de Economía durante la presidencia de Eduardo Duhalde, enfrentando costos de ajuste y licuación de ingresos. La analogía sugiere que Milei está dispuesto a tomar decisiones difíciles, con el objetivo de estabilizar la economía a largo plazo. Se mencionó que, en un escenario hipotético, Alberto Fernández podría haber manejado su gobierno de forma más razonable si no hubiera sido por la necesidad de emitir a gran escala durante la pandemia, lo que pone en evidencia el impacto de las decisiones económicas en el corto y largo plazo.

El futuro también podría traer consigo un aumento en las exportaciones, especialmente cuando Vaca Muerta alcance su madurez y las exportaciones mineras se incrementen. Esto sería un alivio para la economía argentina, que ha lidiado con restricciones externas por falta de divisas. Sin embargo, también existe un riesgo implícito en estas promesas: la posibilidad de que el experimento político de Milei termine mal, ya sea por inconsistencias en sus políticas o por efectos secundarios negativos que podrían impactar severamente a la población.

En un mensaje de fin de año, Milei instó a “abrocharse los cinturones”, una exhortación que ha resonado entre los ciudadanos como un llamado a prepararse ante los desafíos venideros. Pero esto también plantea una pregunta crucial: ¿es el aumento de la velocidad y la intensidad la respuesta adecuada ante la inestabilidad política y económica? La política, como bien se sabe, es un campo lleno de variables ocultas, y el futuro de Argentina parece estar atado a la capacidad de Milei para navegar esas incertidumbres.

Así, el 2026 se presenta como un año lleno de promesas y riesgos. La población argentina se encuentra en una encrucijada, donde el desafío de Milei será no solo implementar sus reformas, sino hacerlo de manera que sus efectos sean sostenibles para todos los sectores de la sociedad. En este cruce de caminos, la prudencia y el diálogo serán claves para el futuro del país.

Feliz 2026, lector. Lo cruzaremos juntos.

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