¿Milei en problemas? Descubre el oscuro secreto del "síndrome del tercer año" que puede arruinarlo todo.

No se trata de una teoría científica, pero en la última década ha sumado evidencia empírica. El “síndrome del tercer año” se refiere a la problemática recurrente que han enfrentado los últimos gobiernos argentinos al comenzar la segunda mitad de su mandato. En el libro “La última encrucijada”, se explica que “el esfuerzo realizado para la elección de medio término en el plano económico, pero también en el político, en general desacomoda a las administraciones y las lleva a colapsar en el tercer año”. La secuencia suele ser la siguiente: en el primer año, los gobiernos intentan asentarse y encontrar una dinámica, mientras que en el segundo, deben revalidar electoralmente, lo que genera un desequilibrio que impacta decisivamente en el tercero, el cual debería ser el año “puro” de gobernabilidad. Sin embargo, la realidad ha llevado a múltiples colapsos, generalmente en el primer semestre del tercer año, cuando se quedan sin recursos, sin plan y sin financiación. Este fenómeno ha cobrado fundamento en los últimos años de estancamiento económico y desilusión social.

Este patrón se ha repetido con los últimos tres gobiernos. Cristina Kirchner y su entonces ministro de Hacienda, Axel Kicillof, enfrentaron una fuerte devaluación a principios de 2014, en un contexto de un programa económico ya insostenible. Mauricio Macri entró en crisis en 2018 cuando se cortó el crédito externo y tuvo que recurrir al FMI en medio de una inestabilidad financiera. Por su parte, la gestión de Alberto Fernández colapsó en junio de 2022 tras la salida de Martín Guzmán, lo que desestabilizó todas las variables económicas, llevando al país a una fase de “artesanías y manualidades”. En los tres casos, el quiebre del tercer año tuvo un origen económico y marcó la licuación definitiva del poder de esos gobiernos, lo que culminó en derrotas electorales.

Javier Milei ha comenzado su tercer año de gestión en un contexto que, a priori, no parece presagiar que será una nueva víctima del síndrome. Tras haber sido revalidado con amplitud en las urnas, ha ampliado sus bloques legislativos, y la oposición se muestra desconcertada. Además, el equilibrio fiscal no se ha visto alterado por las elecciones, su gobierno cuenta con una cosecha favorable y tiene alternativas para los próximos vencimientos de deuda. Comparativamente, su situación actual es más favorable que la de Macri al finalizar 2017, especialmente porque tanto Cristina como Alberto perdieron las elecciones de medio término, lo que complicó aún más su posición.

Sin embargo, el síndrome del tercer año sigue presente como un recordatorio de moderación ante la euforia de los balances provisionales. A primera vista, no surgen amenazas políticas inminentes. El peronismo se encuentra sin liderazgos ni recursos intelectuales que le permitan ofrecer una alternativa creíble al plan libertario de Milei. Las organizaciones gremiales también están erosionadas, lo que deja a la oposición en una posición incómoda al buscar negociar con el gobierno.

En el ámbito social y económico, el panorama es más complejo. Aunque se observan indicadores favorables, existen también muchos riesgos. El foco de los primeros dos años de gestión de Milei ha estado en el ordenamiento fiscal y la baja de la inflación, pero el desafío ahora es mantener esos logros, al tiempo que se busca reactivar la actividad económica, el consumo y el empleo, áreas con las que su mirada libertaria se siente menos identificada. Según los economistas Martín Rapetti y Pablo Gerchunoff, existe un trilema que enfrenta la gestión libertaria: lograr simultáneamente bajar la inflación a través del anclaje cambiario, sostener el equilibrio fiscal, y generar empleo. Rapetti advierte que es probable que el gobierno priorice las dos primeras variables, resignando la última.

El economista Lucas Tettamanti destaca que Argentina podría encadenar, entre 2025 y 2026, dos años consecutivos de crecimiento por primera vez desde 2010-2011, excluyendo la pandemia. Sin embargo, también advierte sobre un doble riesgo: uno relacionado con el tipo de cambio y la acumulación de reservas, y otro con la necesidad de reactivar el empleo, ya que el crecimiento actual es muy heterogéneo.

El tercer año de gestión de Milei tiene como desafío central demostrar la sustentabilidad de su programa económico. No debe preocuparse por la gobernabilidad ni por elecciones próximas, lo que le permite tener un camino despejado para lograr la transformación prometida. Sin embargo, hay tres líneas de falla que deben ser monitoreadas: una económica, que muestra una división entre sectores dinámicos y otros en retracción; otra social, que muestra una creciente estratificación; y una geográfica, con regiones en auge y otras que no logran repuntar.

La pregunta subyacente ante estas tres líneas de falla es si Argentina se está transformando en un país diferente, con una configuración económica y social distinta a la que la caracterizó en las últimas décadas. Un estudio reciente de la consultora Moiguer ha indicado una mejora en el ánimo de los ciudadanos tras las elecciones, a pesar de que el consumo aún no se recompone. Mientras que las expectativas de mejora económica han subido del 33% al 42%, el 50% de los encuestados afirma que se queda sin dinero antes de fin de mes.

En este contexto, la estrategia del gobierno para enfrentar su tercer año se basa en reformas estructurales, buscando flexibilizar la legislación laboral y modificar la matriz impositiva, lo que tendrá impactos a mediano y largo plazo. A partir de esta semana, el Congreso comenzará a discutir el presupuesto y la reforma laboral, lo que será clave para demostrar que el gobierno puede traducir su amplio apoyo electoral en hechos concretos. La capacidad de Milei para enfrentar presiones y negociar con los gobernadores también será puesta a prueba, en un contexto donde el ministro del Interior, Diego Santilli, aún busca cumplir con las demandas de las provincias.

El éxito de Milei en su tercer año dependerá de su habilidad para avanzar con su plan económico y no caer en las trampa del síndrome del tercer año que ha afectado a sus predecesores. Este punto de quiebre es crucial para diferenciar a aquellos gobiernos que inician su declive de los que saben que no pueden descansar en los logros obtenidos. La fase decisiva ha comenzado.

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