¡No vas a creer cómo un ex de Showmatch transforma las plazas de Buenos Aires en escuelas de salsa y bachata! ¡Entérate de su impactante historia!

En un mundo donde las tecnologías parecen amenazar con reemplazar experiencias humanas esenciales, la danza se erige como un refugio invaluable. En el corazón de Parque Chacabuco, un grupo diverso de vecinos se reúne cada sábado para vibrar al ritmo de la salsa y la bachata, guiados por el carismático Jorge Quenaya, también conocido como "El Chino". Su pasión por el baile y su compromiso con la comunidad han convertido sus clases en un espacio de encuentro y conexión.

La importancia de la entrada en calor no es solo física, sino también emocional. Jorge enfatiza que los movimientos deben ser fluidos, activando el vínculo entre la mente y el cuerpo. “Mueven los tobillos, las rodillas, la cintura, el torso, los hombros y hasta el cuello”, señala mientras sus alumnos se preparan para la clase. Su metodología se basa en la técnica y la variabilidad, prometiendo que cada sábado es una historia distinta, tal como lo expresa Cecilia, una de sus alumnas más entusiastas.

“Lo que nosotros buscamos es que todos sean compañeros y sean unidos”, afirma Jorge Quenaya.

Un sábado frío pero soleado, el Parque Chacabuco se llena de energía. En la esquina de Emilio Mitre y Asamblea, decenas de vecinos, desde jóvenes hasta mayores, se unen en esta celebración del movimiento. Jorge observa que, mientras los sábados atraen a un público variado, los días de semana son más frecuentados por personas mayores que buscan mantenerse activos. Este espacio no solo se convierte en un lugar para aprender a bailar, sino también en un punto de encuentro social.

“A veces vamos todos juntos a merendar, otras veces vamos a bailar a algún lugar”, cuenta Cecilia, reflejando la sinergia que se genera entre los asistentes. Jorge también comparte esa visión: “Lo que nosotros buscamos en sí es que todos sean compañeros y sean unidos y dentro de eso los chicos se van conociendo”.

Con una carrera que abarca más de tres décadas, Jorge Quenaya ha sido reconocido en múltiples ocasiones por su talento y dedicación. Desde sus inicios en el baile a los nueve años, ha abarcado diversos géneros musicales como ballet, tango, folclore y jazz. “O ganás o aprendés. No se pierde”, resume su filosofía respecto a la competencia en el baile. Su experiencia incluye trabajo en televisión, colaborando con figuras como Julio Bocca, y actualmente es jurado y coreógrafo de competiciones de danza.

“Amo dar clase, amo bailar. Me hace bien a mí, a mi salud”, expresa Jorge.

Con 41 años y tras sufrir lesiones que lo alejaron de danzas más académicas, Jorge ha encontrado en la salsa y la bachata una forma de seguir compartiendo su amor por la danza. “No son bailes académicos. No necesitás una condición, solo querer pasarla bien y cambiar la cabeza”, acota. Esta accesibilidad es esencial para su grupo de alumnos, muchos de los cuales descubren en estas clases una oportunidad para socializar y mantenerse activos.

En el marco de esta iniciativa, las Estaciones Saludables de la Ciudad de Buenos Aires ofrecen no solo clases de baile, sino también actividades como Tai-Chi, yoga, y talleres creativos. “De eso se trata: de vivir intensamente cada momento”, sostiene el Jefe de Gobierno, Jorge Macri. La danza, como práctica, se convierte en una herramienta para mejorar la salud física y mental.

Jorge, con su energía contagiosa, ha identificado en la salsa y la bachata una forma de refugio compartido. “Muchas personas vienen después de laburar toda la semana y esto les da una sonrisa, es un mimo al alma”, menciona. Cecilia, por su parte, destaca cómo estas clases le han abierto las puertas a un mundo nuevo y compartido: “Todos tenemos el mismo interés, entonces siempre tenemos cosas para compartir y para hablar”.

Para Jorge, el baile ha transformado la vida de muchos, y no solo la suya. “Siempre me gustó bailar, desde muy chico. Actualmente, y gracias a Dios, siempre trabajé con la danza”, concluye mientras regresa al ritmo de la música, donde la alegría es palpable y donde los vecinos vuelven a sentirse como niños, dejando atrás las preocupaciones del día a día.

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