¿Puede Chile revolucionar el transporte público eléctrico? ¡Descubre el secreto que Europa ignora!

El think tank Agora Verkehrswende ha estado analizando el desarrollo del transporte en Chile, buscando respuestas sobre cómo se ha logrado una transformación positiva en este sector. Según la investigadora principal, Linda Cáceres Leal, factores como las subvenciones y el interés público han sido fundamentales, pero también destaca la importancia de la fiabilidad en la transición hacia un sistema de transporte sostenible.

Chile ha estado preparando el terreno para la adopción de vehículos eléctricos (VE) desde hace años. Todo comenzó con la primera "Contribución Determinada a Nivel Nacional" (NDC) en 2015 y la "Política Energética 2050" en 2016, que incluyeron explícitamente la transformación del transporte como parte de sus mandatos. La "Estrategia Nacional de Electromovilidad" lanzada en 2017 estableció objetivos ambiciosos: un 40% de adopción de VE para vehículos privados y un 100% para el transporte público para 2050.

Desde 2020, Chile ha acelerado significativamente sus esfuerzos en electrificación. En 2021, se implementó una ley de eficiencia de combustible que afecta a prácticamente todos los vehículos importados. Esta ley se actualizó en 2022 para incluir vehículos ligeros y medianos, así como el transporte público, exigiendo que sean de cero emisiones para 2035.

El éxito de Chile ha atraído la atención internacional. En 2023, el Instituto de Recursos Mundiales clasificó sus estrategias de desarrollo a largo plazo con bajas emisiones (LT-LEDS) entre las mejores del mundo, superando a la Unión Europea y al Reino Unido en coherencia política. Aunque la electrificación del transporte requiere una gran inversión, representa el 50% de los objetivos de neutralidad de carbono de Chile, lo que subraya su importancia.

En su estudio, Agora Verkehrswende destaca cinco conclusiones clave:

  1. Compromiso y política climática a largo plazo: La coherencia a través de los ciclos políticos es esencial para la descarbonización del transporte.
  2. Política innovadora y herramientas de financiación: Son cruciales en mercados emergentes para atraer inversiones y crear seguridad.
  3. Ampliación de la infraestructura de recarga: La renovación de la flota con vehículos eléctricos en ciudades secundarias es vital para la descarbonización completa.
  4. Electrificación más allá de los autobuses: Es necesario ampliar los esfuerzos para alcanzar los objetivos de descarbonización.
  5. Proyectos de transporte eléctrico visibles: Generan impulso para que otros países sigan el ejemplo.

En un contexto de incertidumbre industrial y política en Europa y EE.UU., el primer punto resalta la importancia de la planificación a largo plazo. La estabilidad en los contratos permite a los fabricantes planificar sus esfuerzos de descarbonización. Los esfuerzos políticos en Chile comenzaron con mecanismos financieros tempranos, como la Ley nº 20.378 en 2009, y los despliegues piloto entre 2016 y 2020, culminando en el objetivo de cero emisiones para 2035.

Sin embargo, el modelo chileno enfrenta desafíos, especialmente en cuanto a la infraestructura. Santiago concentra el 95% de los autobuses eléctricos y el 86% de los vehículos eléctricos, dejando a las ciudades regionales con importantes carencias. El transporte público y las infraestructuras son más difíciles de implementar en zonas rurales, donde las distancias son mayores y el número de pasajeros es limitado.

El estudio también señala que la electrificación del transporte no resolverá problemas como la congestión si la gente sigue dependiendo del automóvil privado. La micromovilidad, como el bike-sharing y los scooters eléctricos, podría ser un complemento esencial para el transporte público, mejorando la conectividad.

Además, el estudio plantea que visibilizar proyectos de descarbonización puede inspirar a otros países a emprender sus propias iniciativas. "Este éxito ha mostrado el efecto dominó de las inversiones públicas específicas", apunta el informe.

El análisis de Agora Verkehrswende concluye que el enfoque político de Chile combina una estrategia a largo plazo con mecanismos financieros, lo que ha impulsado un progreso significativo. Sin embargo, la falta de una industria automotriz nacional ha facilitado la transición, permitiendo adoptar nuevas tecnologías sin enfrentar la resistencia de fabricantes locales.

En el ámbito del transporte de mercancías, actualmente hay alrededor de 280 camiones eléctricos en las carreteras chilenas, mostrando una reducción en los costos operativos de hasta el 70%. Este tipo de datos es fundamental para la toma de decisiones sobre la electrificación en otros sectores.

Las lecciones de la experiencia chilena pueden ser aplicadas en otros contextos. La electrificación del transporte público en América Latina, que representa el 40% de las emisiones, sigue siendo insuficiente. Elementos como la ampliación del transporte público y la planificación urbana son cruciales para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones.

Mirando hacia el futuro, el estudio sugiere que se deben considerar políticas que atiendan a las zonas rurales y se incentive el mercado privado de vehículos eléctricos, que actualmente tiene una penetración del apenas 2,5%. La infraestructura de recarga sigue siendo un problema, con solo una estación de recarga pública por cada 18,000 residentes.

Finalmente, la autora Linda Cáceres Leal concluye que el éxito en el sistema de autobuses eléctricos de Santiago está vinculado a la mejora en el servicio y la ampliación de la cobertura de rutas. "Sin demanda, incluso la flota más limpia sirve de poco", enfatiza.

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