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De una imagen adulterada a una crisis de escala

No hay comentarios | Publicado el domingo 17 de marzo

por Diego Corbalán

Un hecho en pleno desarrollo tiene como protagonista a la imagen.

Se trata las vicisitudes de la realiza británica.

Los rumores en torno a la salud de Kate Middleton fueron acumulando informaciones imprecisas de todo tipo.

Pero la publicación de una fotografía de la princesa de Gales, tras dos meses de ausencia pública y en medio de rumores sobre su salud, no hizo más que alimentar aún más la intriga en torno a su figura.

Los rumores sobre su salud, luego de una operación abdominal, generaron un verdadero dolor de cabeza político a la corona británica.

Una imagen tierna, pero falsa

En medio de semejante intriga, la cuenta de Instagram oficial de los príncipes publicaba una imagen de Kate Middleton junto a sus hijos para celebrar el Día de la Madre en Reino Unido.

Pero, rápidamente, los ojos sagaces del público en general y de las agencias internacionales de información en particular daban cuenta de que la foto estaba manipulada.

La imagen de la semana mostró a la princesa Kate junto a sus tres hijos, George, Charlotte y Louis en el jardín de su casa.

El mensaje no podía ser más tierno.

Era un agradecimiento a la sociedad británica por el apoyo recibido como consecuencia de la salud de Kate: «Gracias por vuestros buenos deseos y vuestro apoyo continuo en los últimos dos meses».

Sin embargo, como decíamos, la foto no era verdadera.

Excusas reales

Luego de horas de silencio, el Palacio de Kensington decidió pronunciarse sobre la foto editada de la princesa de Gales.

Fue la propia Kate Middleton la que habló y no le esquivó a la ironía.

Dijo que “como muchos fotógrafos aficionados, de vez en cuando experimento con la edición”.

Y agregó: “Quería expresar mis disculpas por cualquier confusión que haya causado la fotografía familiar que compartimos ayer.

El pedido de disculpas de la princesa intentó poner calma en momentos en los que una parte considerable de los británicos viven una suerte de orfandad de sus líderes reales.

El escándalo de la foto de Kate se produce mientras el rey Carlos está bajo tratamiento para una forma no especificada de cáncer.

La enfermedad fue descubierta durante una intervención por un agrandamiento de próstata.

El monarca canceló todos sus actos públicos durante el tratamiento, aunque se lo fotografió caminando a la iglesia y en reuniones privadas con dignatarios y miembros del gobierno.

Otra vez una imagen, ¿no?

Esa aparente simple e inocente pieza visual que intenta decir todo en un solo recuadro, pero que encierra un mundo en sí mismo sobre la realidad y la verdad.

La caída del “rey” de fotoperiodismo

Hagamos un poco de historia reciente.

En el año 2016 se conocía una de la estafas visuales más icónicas que se conozcan, al menos en nuestros tiempos.

El fotoperiodista Steve McCurry, una auténtica leyenda, era apuntado por haber cometido un verdadero fraude de la manipulación de imágenes.

McCurry es el autor de unas de las fotografías más icónicas de la Historia, La Niña Afgana.

Se trata del retrato de la menor de tes morena y ojos claros que dio vueltas al mundo.

Por entonces, sus colegas, de a poco y de manera aislada, ya advertían sobre el fraude cometido en muchas de sus imágenes, al introducir o eliminar elementos en una imagen con herramientas de Photoshop.

Se lo acusó, por ejemplo, del practicar el burdo cortar y pegar, una práctica prohibida por agencias, publicaciones y premios relacionados con el fotoperiodismo.

El rey del fotoperiodismo quedaba desnudo, sin Photoshop, ante sus colegas.

Juicio al “monarca” visual

En aquel 2016, la trampa en la que había incurrido reiteradamente McCurry fue descubierta por el crítico en fotografías de The New York Times, Teju Cole.

Decía Cole: «Sus fotografías son perfectas y aburridas. Y esa perfección sólo se puede conseguir orquestando la imagen».

Por primera vez, y en un gran medio de comunicación internacional, alguien cuestionaba los métodos de un prócer de la fotografía como McCurry.

El bulo, al decir de los españoles, lo protagonizaba la persona hasta ese momento con más libros de fotografía vendidos en todo el mundo.

Días después de la denuncia de Teju Cole, un fotógrafo italiano, Paolo Viglione descubría, en una exposición sobre sus fotografías de Cuba, el trazo del uso de Photoshop en un trozo de señal de tráfico que quedaba separado del resto.

Viglione lo relató en su blog y difundió la imagen ampliada.

La decisión animó a otros editores gráficos a rastrear en el archivo de 40 años que McCurry digitalizó en su propia página web.

Triste, solitario y final

El resultado de semejante escrutinio fue lapidario sobre la figura de McCurry.

Un buen número de fotos que tomó en Tokio, Etiopía, Honduras, Francia, India o Brasil tenían niveles de adulteraciones escandalosos.

Como decía irónicamente el diario El Mundo de España en una nota de 2016, la adulteración de fotos de McCurry era tal que, si se las comparaba entre los originales y las publicadas en sus libros, se podría “jugar con ellas a las siete diferencias”.

McCurry retiró de su página todas las imágenes señaladas.

Lo mismo hizo la que fue su agencia durante años, la prestigiosa Magnum, donde también fueron retiradas las fotos en cuestión.

Adulteraciones pre-Photoshop

Pero, lo cierto es que la manipulación fotográfica es anterior al Photoshop, muy anterior.

La adecuación de una imagen para que sirva a fines determinados es tan antigua como la fotografía misma.

Empezó siendo una respuesta natural de los artistas que trataban de alterar las fotos para que se acercaran a la imagen real del mundo.

Pero, en su evolución, la adulteración de fotografías echó por tierra los fines inocentes de la práctica para dar paso a técnicas sofisticadas que respondían a intereses políticos, comerciales o informativos.

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Hoy por hoy, existen múltiples técnicas para alterar imágenes.

Pero lo que permanece casi inalterable es la observancia social.

Son los usuarios de las redes sociales y los lectores de medios los que someten a juicio los retratos más variados.

Y emiten su juicio, por ahora, intentando resistir un engaño cada vez más fácil de concretar con herramientas digitales en más y más manos, con fines de todo tipo.

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