¿Sabías que el 70% de las mujeres que sufren violencia no reciben ayuda? ¡Descubre la verdad oculta!

Laura Macaya ha dedicado gran parte de su vida a la defensa de los derechos de las mujeres, particularmente aquellas que enfrentan situaciones de violencia. Desde su trabajo en la asociación Genera, ha sido un pilar en la lucha por un enfoque antipunitivista en el abordaje de estas problemáticas. Su libro, Conflicto no es lo mismo que abuso, coescrito con Hamaca y editado por La Escocesa, ha tenido un impacto significativo, incluso siendo traducido al euskera por Amaia Astobiza bajo el título Gatazka eta abusua ez dira gauza bera. Durante su reciente gira de presentación en Euskal Herria, Macaya compartió importantes reflexiones sobre la violencia machista y la necesidad de repensar los enfoques de justicia actuales.
Un enfoque crítico hacia el punitivismo
La acogida del libro ha sido extraordinaria, especialmente en Euskal Herria, donde la crítica al punitivismo ha encontrado un terreno fértil. Macaya señala que, a pesar de los esfuerzos realizados, la incidencia de la violencia machista no ha disminuido, y la vida de las mujeres no ha mejorado. "Lo que se ha promovido es un sistema que persigue de forma sistemática a personas vulnerables", afirma. Esta reflexión apunta a un contexto social en crisis, marcado por un empobrecimiento creciente y una pérdida de vínculos comunitarios.
Macaya destaca que muchas organizaciones y comunidades políticas sufren al enfrentar conflictos mal resueltos. “Los objetivos que se están dejando de cumplir, como la lucha por la vivienda, son imprescindibles para obtener mayor justicia social, especialmente para las personas víctimas de violencia machista”, enfatiza. Esto resalta la conexión entre la violencia y los problemas sociales más amplios, lo que hace urgente un cambio en los paradigmas de justicia.
Genera: un modelo de justicia transformativa
La asociación Genera, en la que Macaya ha estado involucrada desde 2008, comenzó enfocándose en la descriminalización del trabajo sexual. Sin embargo, en los últimos años, han integrado una perspectiva antipunitiva, reconociendo que las trabajadoras sexuales son a menudo las más excluidas de los circuitos de protección. "No son la 'buena víctima' que el sistema espera", sostiene Macaya.
El enfoque de Genera también incluye procesos de empoderamiento laboral y metodologías de abordaje de la violencia que evitan ser excluyentes o paternalistas. Macaya menciona que “muchas de estas mujeres son estigmatizadas no solo por ejercer el trabajo sexual, sino también por no cumplir con el rol hegemónico de la feminidad”. Este estigma alimenta un ciclo de violencia y criminalización que perpetúa su sufrimiento.
La problemática del castigo institucional
La situación se complica aún más cuando estas mujeres acuden a los servicios municipales en busca de ayuda. A menudo, son criminalizadas y tratadas como un riesgo, haciendo que el sistema de justicia se convierta en un mecanismo de exclusión. “Los marcos punitivos generan impactos negativos en los procesos de recuperación y autonomía de las mujeres”, advierte Macaya. Esto resalta la necesidad urgente de un enfoque que priorice la reparación y la justicia transformativa.
En lugar de castigar, Macaya y su equipo proponen un modelo de justicia restaurativa que busca transformar las relaciones sociales opresivas y abordar las causas de la violencia. “La violencia no es un conflicto interpersonal, sino un daño que se produce por la reproducción de patrones opresivos”, explica. Este enfoque implica que tanto la persona afectada como quien ha causado el daño, junto con la comunidad, participen en el proceso de reparación y sanación.
Hacia un nuevo modelo de justicia
Los procesos de justicia transformativa que Macaya plantea no solo buscan la responsabilización del agresor, sino también la reconstrucción comunitaria. “Entendemos la reparación como la recuperación individual de una persona, pero también como una intervención sobre el marco que ha favorecido la violencia”, afirma. El enfoque se centra en la diversidad y en las necesidades específicas de las personas afectadas, evitando las lecturas simplistas que a menudo homogeneizan las experiencias de las mujeres.
Por último, Macaya recalca la importancia de la claridad conceptual en el tratamiento de la seguridad. “La seguridad no se entiende solo como la ausencia de ataques, sino como la posibilidad de vivir dignamente”, concluye. Este enfoque humaniza y contextualiza la experiencia de quienes sufren violencia, abriendo el camino hacia un modelo de justicia más inclusivo y efectivo.
El trabajo de Laura Macaya y su compromiso con una justicia transformativa son un llamado a reexaminar cómo abordamos la violencia machista en nuestra sociedad. A medida que los enfoques tradicionales fallan, la búsqueda de soluciones innovadoras y comunitarias cobra mayor relevancia. Su libro, además de ser una herramienta valiosa, es un impulso para seguir luchando por un mundo donde la justicia no sea sinónimo de castigo, sino de reparación y transformación.
Te puede interesar: