¿Sabías que el 70% de los españoles cree que la corrupción arruinó sus vidas? ¡Descubre cómo!

El año 2026 comienza con un panorama complicado para el Gobierno de Pedro Sánchez, que se mantiene en pie, pero con una notable merma en su capacidad para gobernar. Este desgaste no solo afecta a la coalición que lidera, sino que también se refleja en una ciudadanía que se siente exhausta y atrapada en un clima de fatiga democrática. Los términos que predominan en tertulias, encuestas y redes sociales son "desgaste", "desmoralización", "cansancio" y "desconfianza". Estos conceptos no son meras palabras, sino un reflejo del costo colectivo de la corrupción, la irritación constante y la prolongada sensación de interinidad política, donde cada día parece ser una moratoria a la espera de elecciones.
En este contexto, el Ejecutivo aprobó el pasado verano un ambicioso Plan de Lucha contra la Corrupción, que incluye una serie de medidas destinadas a reforzar la integridad institucional y la transparencia. Esta iniciativa, respaldada por los estándares europeos y con una nueva Comisión Interministerial para su seguimiento, buscaba marcar un punto de inflexión. Sin embargo, la sombra del deterioro político ya impregnaba el clima social.
A pesar de la insistencia de Sánchez en su resistencia, la situación es compleja. La reciente derrota de su partido en las elecciones de Extremadura, un bastión tradicional del socialismo, resalta la fragilidad de su posición. El costo de esta incapacidad de respuesta se traduce en un impacto tangible en la salud mental de la población. Existen evidencias que vinculan la percepción de corrupción política con un deterioro significativo en los indicadores de salud mental.
Impacto en la salud mental y la polarización social
Un estudio que analizó a 7.845 participantes identificó un notable incremento de síntomas depresivos y malestar emocional, especialmente asociado a la desconfianza en los dirigentes. La autora del estudio, Yujie Zhang, señaló que “la percepción de la corrupción es un factor de riesgo importante para la depresión”. Esto implica que, a nivel psicológico, genera emociones negativas, y a nivel fisiológico, contribuye a un entorno social más injusto y perjudicial para la salud.
Asimismo, una investigación publicada en el Journal of Economic Behavior & Organization establece una relación entre la exposición a la corrupción y el malestar psicológico, advirtiendo que este efecto es significativamente más intenso en el caso de las mujeres. Los autores concluyen que los esfuerzos para combatir la corrupción pueden generar beneficios psicosociales y de salud mental.
La crispación política también se refleja en el hogar. Según la última Encuesta Nacional de Polarización Política del Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública (CEMOP), el 70% de los españoles considera que el nivel de enfrentamiento en el país es mayor que hace un año. Más alarmante aún, un 14% ha roto relaciones con amigos o familiares por diferencias políticas.
Las encuestas muestran que el 59% de la población sufre estrés, un 48% reconoce síntomas de depresión y el 23% ha experimentado ansiedad. Los datos del Estudio Internacional de Salud Mental del Grupo AXA revelan que las mujeres son más propensas a identificar estos problemas, con un 50% en situación mental desfavorable frente al 36% de los hombres. La incertidumbre, la inestabilidad financiera y la agitación política son mencionadas como factores determinantes de este deterioro.
El fenómeno de la polarización se ha incrementado en un 30,6% desde 2021, según el CEMOP. Esta división extrema afecta las relaciones personales y puede causar daños a la salud física y mental, tal como señala Mariano Torcal, catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra.
La corrupción política también repercute en los propios líderes. Genera un desapego y un cansancio que desembocan en una desconfianza hacia las instituciones. Especialmente entre las generaciones más jóvenes, se siente una creciente impotencia y falta de control sobre los recursos básicos, lo cual fomenta un ambiente propicio para el populismo. Un informe de Funcas destaca que para prevenir un colapso democrático, es crucial mejorar la legitimidad y efectividad del sistema político.
El Instituto de Economía de Barcelona analizó cómo la percepción de corrupción puede afectar la calidad democrática y llegó a la conclusión de que la respuesta del ciudadano ante la corrupción es desigual según la situación económica del país. En momentos de bonanza, tienden a perdonar irregularidades si se perciben beneficios inmediatos. Sin embargo, la corrupción ha comenzado a erosionar la confianza del consumidor y la inversión, como alertó JP Morgan en el verano de 2025.
En definitiva, el restablecimiento de un clima político estable es crucial para recuperar la credibilidad, aliviar el estrés colectivo, y reconstruir la confianza económica y emocional que se ha perdido en estos años de crisis. La ciudadanía espera un cambio que no solo le devuelva la esperanza, sino que también le brinde un futuro más prometedor.
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