¿Sabías que el 80% de tu 2023 está en tu Spotify Wrapped? ¡Descubre las sorpresas que NO esperabas!

¿Qué dice de nosotros la música que escuchamos? Esta pregunta ha resurgido con fuerza, especialmente tras revisar el Wrapped de Spotify, un resumen anual que revela más que las canciones que hemos escuchado: nos ofrece un espejo digital de nuestras vidas y emociones. En cuestión de segundos, una melodía puede transportarnos a un recuerdo que creíamos olvidado, revelando aspectos de nuestra vida interior que a menudo ignoramos.
El Wrapped no solo es un simple recuento musical; es un dispositivo de memoria que nos muestra la banda sonora de lo que hemos sido a lo largo del año. Nos permite observar con claridad qué emociones hemos repetido, qué ritmos nos han acompañado en momentos de alegría y tristeza, y hasta nos calcula nuestra “edad sonora”, un reloj biográfico que refleja el compás de nuestra alma en contraposición a los años de nuestro cuerpo. En mi caso, este ejercicio me llevó a descubrir que mis 77 años musicales resonaban con un ritmo diferente al de mi cédula.
La música tiene un poder sutil, no solo nos acompaña, sino que también nos interpreta. Cada canción se convierte en un archivo de nuestra existencia: en ella se encuentran nuestros amores, las decepciones, los duelos, los viajes, las despedidas y las celebraciones. Así como los aromas pueden evocar memorias profundas, la música actúa como un halo que nos conecta con nuestra historia personal de manera íntima.
Desde la antigüedad, los griegos han discutido sobre el ethos musical, la noción de que la música moldea el carácter. Filósofos como Pitágoras sostenían que el alma podía armonizarse a través de los sonidos, así como el cuerpo se fortifica con el ejercicio. En un contexto más moderno, Friedrich Nietzsche afirmaría que “sin música, la vida sería un error”, una declaración que subraya cómo la música puede revelar verdades fundamentales que a menudo escapan a las palabras. Todos hemos experimentado ese momento en que una canción aparece y nos ayuda a verbalizar lo que sentimos antes de que siquiera lo reconozcamos.
Al observar mi propio Wrapped, me vi impulsado a reflexionar sobre qué dice la música que repito sobre mí mismo. ¿Qué emociones busqué en este año? ¿Qué celebré y qué resistí? La música se transforma, entonces, en un mapa emocional que trazamos de manera inconsciente, el cual nos muestra la geografía íntima por la que hemos caminado durante el año.
En un mundo acelerado, donde todo parece tener que ser útil y productivo, la música se presenta como un acto de resistencia contemporánea. Nos recuerda la importancia de simplemente sentir, sin necesidad de acumular o resolver. En este sentido, el Wrapped de Spotify se convierte en una invitación no solo a reflexionar sobre nuestras preferencias musicales, sino a profundizar en las historias que llevamos dentro. En medio de lo cotidiano, estamos constantemente narrándonos a través de melodías.
Reflexionar sobre nuestra relación con la música podría convertirse en un ejercicio filosófico enriquecedor. Preguntémonos:
- ¿Qué canciones me sostuvieron este año?
- ¿Qué música dejé de escuchar y por qué?
- ¿Qué canción necesitaría mi vida en este momento?
- ¿Cuál es la melodía que soy hoy —y cuál quisiera llegar a ser—?
La música nos acompaña en momentos mínimos: al cocinar, al conducir, al bañarnos o incluso al llorar en silencio. También, en Colombia, el mes de diciembre transforma la vida diaria en una celebración sonora. Los acordes de las gaitas, las parrandas y villancicos alteran el ánimo del país, haciendo que los sonidos del mes nos recuerden quiénes somos y quiénes hemos sido. En esos momentos, tanto festivos como cotidianos, la música se convierte en un pequeño oráculo emocional que nos devuelve a nuestro centro.
Quizás por eso, al finalizar el año, lo que realmente celebramos no es solo una lista de canciones, sino la confirmación de que, a pesar de las pérdidas y transformaciones, seguimos siendo seres humanos capaces de emocionarnos. Y mientras podamos emocionarnos, aún podremos imaginar, crear, amar, resistir y aprender.
Al final, cada uno de nosotros tiene una partitura interior que cambia a lo largo de la vida. Porque, en esencia, somos la música que nos ha sostenido.
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