¿Sabías que en Pinamar, el balneario secreto de políticos y famosos, se desata un escándalo que podría cambiarlo todo? ¡No te lo pierdas!

PINAMAR (De un enviado especial).– En el norte de Pinamar, Casa Mar se ha consolidado en los últimos años como un punto de encuentro para actores clave del ámbito político, empresarial y del espectáculo, superando la etiqueta de un simple balneario de temporada. Sin proclamarse como un espacio político ni como un refugio de la farándula, este lugar se ha vuelto un símbolo de un nuevo estilo de sociabilidad en la Costa Atlántica, donde la discreción y el bajo perfil son primordiales.
El proyecto de Casa Mar comenzó a gestarse hacia 2017, aunque ya había habido ideas previas. El sector que hoy ocupa, en Avenida del Mar 3335, era originalmente playa pública y formó parte de un proceso de reordenamiento del frente costero, promovido por el municipio con el objetivo de reducir la concentración de concesiones y reorganizar la franja norte bajo nuevos criterios de ocupación y servicios. Este plan dio lugar a nuevas licitaciones y a la reubicación de varios emprendimientos.
En este contexto, la concesión inicial había sido otorgada a un tercero vinculado al balneario Bacota, que finalmente transfirió el derecho al no poder cumplir con los plazos de demolición y construcción. A pesar de las impugnaciones judiciales de concesiones cercanas como Pina Margol y Cabo Blanco, que atrasaron la ejecución del plan, Casa Mar se convirtió en el único parador operativo en la zona, lo que impulsó su desarrollo inicial.
El crecimiento de Casa Mar no se ha basado en la masificación, sino en una estrategia deliberada de mantener una escala acotada, con menos carpas de las permitidas y un fuerte énfasis en la experiencia del cliente. Este enfoque se traduce en que, incluso en enero, cuando el parador recibe alrededor de 1000 personas por día, la capacidad no se incrementa, priorizando la comodidad y la privacidad.
Durante este verano, Casa Mar ha vuelto a ser escenario de visitas de figuras políticas de relevancia. Entre ellos, el exministro de Economía y excandidato presidencial Sergio Massa ha sido un visitante frecuente, manteniendo un perfil bajo. En sus visitas lo acompañó su esposa, Malena Galmarini, quien también ha tenido un rol destacado como ex presidenta de AySA y actual senadora provincial.
Entre otros nombres notables que pasaron por el parador, se encuentra el exgobernador de Santiago del Estero y actual senador nacional Gerardo Zamora, que fue visto participando en una partida de truco con turistas. Además, el diputado nacional y jefe del bloque Pro, Cristian Ritondo, también ha estado presente, al igual que Patricia Bullrich y Eduardo “Wado” de Pedro, quienes compartieron una mesa en una escena poco habitual de convivencia política.
Desde el ámbito empresarial, figura el empresario de medios y energía Daniel Vila, quien asiste con su pareja, la conductora Pamela David, y se comporta como cualquier otro cliente, sin privilegios especiales. Por otro lado, Daniel Angelici, ex presidente de Boca Juniors, también ha sido visto en Casa Mar, en un breve paso previo a un partido amistoso de la Liga Senior que se disputó en el balneario.
El mundo del espectáculo no se queda atrás: en días recientes, la modelo y conductora Sofía Jujuy Jiménez, el influencer Lizardo Ponce, el referente del streaming Nico Occhiato y el comediante Martín Dardik, conocido como Trinche, han elegido Casa Mar como un espacio de descanso, lejos del bullicio del público y las cámaras.
Este perfil de discreción contrasta con el pasado de otro balneario icónico, el Balneario CR, que durante la década de 1990 y gran parte de los 2000 fue el epicentro político del verano. En aquel entonces, la rosca política era parte del paisaje, con gobernadores y ministros que se mostraban abiertamente.
Con el tiempo, este esquema de sobreexposición ha comenzado a mostrar desgaste. La previsibilidad de las escenas y un cambio en los códigos políticos han llevado a muchos de esos actores a buscar espacios más discretos, como Casa Mar. Esta nueva dinámica evidencia un cambio de época donde el poder, el espectáculo y el ocio conviven sin estridencias, marcando un nuevo rumbo en la sociabilidad política estival.
A casi una década del inicio del proyecto, Casa Mar no solo ha ocupado un lugar en la temporada de verano, sino que ha establecido un nuevo estándar para cómo se interactúa en el ámbito político y social, adaptándose a los nuevos tiempos sin renunciar a la esencia de un buen descanso en la playa.
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