¿Sabías que solo el 1% de los argentinos goza de estos privilegios ocultos? Descubre quiénes son y cómo afecta tu vida.

La actividad física es un componente esencial para una vida saludable, pero en Argentina, como en varios países de la región, la práctica de ejercicio enfrenta desafíos considerables. La reciente presentación del Mapa de Práctica de Actividad Física (MOPRADEF) 2025 por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) revela que solo el 41.7% de la población de 12 años y más realiza deporte o ejercicio en su tiempo libre. Esta cifra es alarmante, especialmente considerando la brecha de género que persiste: 37.4% de las mujeres frente a 46.7% de los hombres que se activan físicamente.

Además, aunque la proporción de personas activas ha crecido, el cumplimiento de los niveles mínimos para obtener beneficios en salud ha disminuido. En la población adulta urbana, el porcentaje de quienes realizan actividad suficiente cayó de 67.8% en 2024 a 58.3% en 2025, con una caída más pronunciada entre las mujeres, que bajó 9.5 puntos. Esto indica que no es suficiente con "moverse algo"; es crucial considerar cuánto, con qué intensidad y cuántos días se realiza ejercicio, así como quiénes pueden sostenerlo.

El MOPRADEF también pone de manifiesto una fractura territorial: quienes hacen ejercicio en instalaciones de uso restringido (privadas o en domicilios) tienen un porcentaje de actividad suficiente de 70.3%, mientras que aquellos que se ejercitan en espacios públicos solo alcanzan el 50.2%. Esto sugiere que el acceso a instalaciones adecuadas es un determinante clave para la práctica deportiva.

La inseguridad es otro factor que influye en la actividad física. La recomendación de “salir a caminar” sin tener en cuenta el riesgo percibido puede resultar en una carga moral. La percepción de inseguridad sigue siendo alta, y en entornos urbanos, esto modifica rutinas y reduce el uso del espacio público. Cuando los parques y calles se convierten en "territorios de riesgo", el mensaje es claro: moverse menos y encerrarse más.

El tiempo también es un factor crítico. Según el MOPRADEF, entre la población inactiva, el principal motivo es el "cansancio o falta de tiempo por trabajo o estudio" (32.2%), seguido de problemas de salud o edad (18.4%) y la falta de tiempo por labores domésticas (17.6%). Esta situación está íntimamente relacionada con la economía del cuidado, que suele recaer sobre las mujeres y limita su capacidad para dedicar tiempo al autocuidado.

La conexión entre la actividad física y la epidemia de sobrepeso y obesidad es innegable. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) señala una prevalencia de obesidad del 37.1%% y sobrepeso del 37.4%%, indicando un desplazamiento hacia condiciones de riesgo metabólico. En este contexto, promover la actividad física es más que una política deportiva; es una cuestión de salud pública.

A pesar de esto, el discurso público a menudo simplifica la solución a la actividad física mediante campañas y retos en redes sociales. Sin embargo, el MOPRADEF revela que solo 66.1%% de la población tiene acceso a instalaciones públicas, y de estas, 55.4%% reporta la falta de personal instructor o condiciones adecuadas. Esto pone de manifiesto la desigualdad en el acceso a infraestructura deportiva.

La malnutrición también juega un rol crucial en este escenario. La medición de pobreza del CONEVAL en 2022 indica que 18.2%% de la población enfrenta carencias alimentarias, lo que no solo limita la energía disponible para la actividad física, sino que también empuja a consumir alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, que agravan la problemática de obesidad y diabetes.

La solución a estos problemas es estructural: se necesita una estrategia integral que incluya seguridad pública para recuperar espacios de recreación, inversión en infraestructura deportiva pública que esté bien mantenida y acompañada, políticas de corresponsabilidad en cuidados y un enfoque explícito de derechos. La reducción de la mortalidad por enfermedades cardíacas y diabetes debe partir del reconocimiento de que el ejercicio no es solo un asunto de voluntad individual. El Estado debe crear un entorno donde moverse sea seguro, accesible y, sobre todo, parte de la vida cotidiana de todos.

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