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Elon Musk: de la promesa de «Internet para todos» al «espionaje sobre todos»

No hay comentarios | Publicado el domingo 24 de marzo

por Diego Corbalán

La firma SpaceX, la misma que lanza las misiones espaciales, está construyendo una red de cientos de satélites espías.

Es una iniciativa puesta en marcha a partir de un contrato clasificado de la empresa de Elon Musk con una agencia de inteligencia estadounidense.

El dato revelado por la agencia de noticias Reuters pone de manifiesto los vínculos cada vez más profundos entre la compañía espacial del empresario multimillonario con las agencias de seguridad nacionales del país del norte de América.

La red está siendo construida por la unidad de negocios llamada Starshield, de SpaceX.

El contrato para el lanzamiento de satélites militares, firmado en 2021, fue por unos 1.800 millones de dólares.

Lo curioso de la relación contractual es con quién fue el entendimiento de Elon Musk.

Se trata de la denominada Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO).

Es, ni más ni menos que una agencia de inteligencia que gestiona satélites espías.

De de acuerdo con los detalles revelados del contrato en cuestión, SpaceX asume responsabilidades en proyectos militares y de inteligencia de los Estados Unidos, mucho más allá de su negocio de Internet en todo el mundo.

Pero, asimismo, el contrato entre la empresa de Musk y el gobierno de los Estados Unidos pone al descubierto los planes del mismísimo Pentágono.

Es decir, el conglomerado militar estadounidense muestra la profundización de los intereses militares de estar cada vez más presentes en el espacio con tecnología de espionaje para dar apoyo a fuerzas militares terrestres.

El objetivo de los Estados Unidos es elocuente.

Ante el crecimiento militar de potencias enemigas, como por ejemplo China, el gobierno norteamericano quiere reforzar su capacidad para detectar rápidamente objetivos potencialmente peligrosos en casi cualquier parte del mundo.

Miedos espaciales

Las fuentes militares reconocen que Elon Musk ya viene coqueteando con el complejo militar estadounidense con su empresa Starlink.

De hecho, la compañía proveyó su servicio de internet satelital en territorio ucraniano a las tropas del presidente Volodomir Zelensky, en plena guerra de ocupación de Rusia.

Pese al silencio de SpaceX sobre el contrato revelado, la Oficina Nacional de Reconocimiento de los Estados Unidos, agencia con la que la empresa de Elon Musk firmó el jugoso contrato, se pronunció al respecto.

El organismo de inteligencia reconoció su misión de desarrollar un sofisticado sistema satelital.

También confirmó tener alianzas con otras agencias gubernamentales, empresas, instituciones de investigación, además de otros países, pero se negó a comentar sobre el contrato con SpaceX.

En busca de la máxima precisión

Ahora, ¿de qué se trata tan intrigante negocio de Elon Musk en el espacio?

Los satélites del multimillonario tendrían la capacidad de rastrear objetivos en tierra y compartir esos datos con funcionarios militares y de inteligencia de Estados Unidos.

Esta capacidad permitiría al gobierno de los Estados Unidos capturar rápidamente imágenes continuas de actividades sobre el terreno en casi cualquier parte del mundo, ayudando a operaciones militares y de inteligencia.

Desde 2020 se lanzaron al menos una docena de prototipos de estos satélites espías, utilizando los cohetes Falcon 9 de la firma SpaceX de Elon Musk.

El rol de Starshield

La red de satélites espías que despliegan los Estados Unidos haría, según dicen, que nadie pueda esconderse esté donde esté en cualquier punto del planeta.

El concepto es lanzar muchos satélites de órbita en vez de desarrollar costosas naves que deben orbitar mucho más lejos de la Tierra.

Sin embargo, es una estrategia que otros países también están adoptando.

China, por caso, también planea comenzar a construir sus propias constelaciones de satélites.

También, Rusia, claro, cuya capacidad para desarrollar tecnología espacial está más que probada.

Incluso, las sospechas estadounidenses apuntan al poder desactivación que puedan tener los rusos para, literalmente, apagar los satélites propios en el espacio.

Temores sobre Rusia

Precisamente, un informe de la CNN reveló en febrero de 2024 que la inteligencia de los Estados Unidos trabaja en la hipótesis de que Rusia está tratando de desarrollar un arma nuclear espacial que destruiría satélites al crear una onda de energía masiva cuando se detona.

El ataque podría paralizar una amplia franja de los satélites comerciales y gubernamentales de los que el mundo depende.

El diputado republicano Mike Turner de Ohio, presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, desató preocupación en Washington cuando emitió un comunicado diciendo que su panel «tenía información relativa a una grave amenaza para la seguridad nacional».

Incluso el propio presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, confirmó poco después que Turner se refería a una nueva capacidad nuclear rusa antisatélite.

Para varios funcionarios citados por CNN, el arma aún está en fase de desarrollo y no está en órbita.

Pero, de todos modos, si se llegara a utilizar, el gobierno de Putin cruzaría una peligrosa línea militar que trastocaría la historia de las armas nucleares.

¿Un arma de destrucción de satélites?

La tecnología antisatélite que desarrolla en secreto Rusia crearía un pulso de energía electromagnética devastador.

El arma desencadenaría una avalancha de partículas altamente cargadas que atravesarían el espacio para perturbar a otros satélites que vuelan alrededor de la Tierra.

El vocero del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby, reconoció en una conferencia de prensa que su gobierno viene siguiendo de cerca los avances rusos desde hace unos pocos años.

Rusia podría tener capacidad para anular no sólo satélites militares, sino también comerciales, lo cual alteraría profundamente la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo para, por ejemplo, comunicarse por telefonía móvil, realizar pagos electrónicos, mirar televisión o, simplemente, usar el GPS para movilizarse.

Pero, hay más.

Para los especialistas, si Rusia lanzara un ataque contra satélites de los Estados Unidos, sería la primera violación del Tratado sobre el espacio ultraterrestre de 1967.

Precisamente, ese tratado prohíbe el emplazamiento de armas de destrucción masiva en el espacio exterior.

Lo preocupante en ese sentido es que Rusia se fue retirando de varios tratados de control de armamento en los últimos años.

Una postura del gobierno de Putin que dejó prácticamente estéril la arquitectura de control de armamento posterior a la Guerra Fría.

Una historia en el espacio

La historia de los satélites espías no es reciente.

Tampoco es actual el interés de la humanidad por el espacio.

La carrera por navegar el universo y el hito de llegar a la Luna data de hace largas décadas, especialmente desde que comenzó la disputa entre los Estados Unidos y la ex Unión Soviética, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, a mediados del siglo XX.

El espacio es un lugar atractivo para la política global de la humanidad.

Desde la ficción, con Star Wars y Star Treck como principales disparadores de la imaginación, hasta la política real, el universo y sus misterios lucen desafiantes.

Desafío que se convirtió en política de Estado, no sin cierto grado de fantasía.

La “guerra de las galaxias”

En la década de 1980, los Estados Unidos miraban al espacio con un objetivo muy claro.

El gobierno del entonces presidente Ronald Reagan diseñaba la Iniciativa de Defensa Estratégica.

Fue una propuesta para la construcción de un sistema de defensa antimisiles con armas espaciales destinado a proteger a Estados Unidos de un ataque nuclear con armas nucleares estratégicas.

El objetivo era crear un escudo de protección ante eventuales ataques con misiles balísticos intercontinentales y misiles balísticos lanzados desde submarinos.

Reagan hizo público el plan en 1983.

El entonces presidente norteamericano se oponía a la llamada Destrucción Mutua Asegurada.

Era la ecuación precisa que los comandos militares estadounidenses barajaban para entender el poderío nuclear que debían tener para equilibrar fuerzas con la exUnión Soviética.

Para científicos y militares de entonces, la idea de Ronald Reagan era descabellada.

E incluso fue criticada, justamente, por estar más basada en la ciencia ficción de películas como la saga de Star Wars de George Lucas que en datos serios.

Se iba a necesitar muchísimas investigación para poder lograr aquel objetivo del escudo de defensa espacial.

Sin embargo, tanto esfuerzo no fue en vano.

Los hallazgos en ese sentido fueron retomados por el gobierno de Bill Clinton y los saberes adquiridos se incorporaron a otros programas de defensa de los Estados Unidos, hasta nuestros días.

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